EN LOS ÚLTIMOS TRES AÑOS LA ECOnomía colombiana creció a un promedio cercano a 2%, el desempleo aumentó y la informalidad se disparó.
El desempeño es inferior al de América Latina y refleja serias limitaciones de la política para adaptarse a las nuevas condiciones mundiales y calibrar los instrumentos, que tenderán a manifestarse en 2011.
El panorama mundial es complejo. Estados Unidos falló en la recuperación de la economía. Las políticas monetarias y fiscales no evitaron la recaída de la actividad y en el desespero acudieron a la devaluación del dólar y la especulación para no entrar en recesión; el mal se remedió postergándolo. Europa no ha podido descifrar cómo se actúa en un mundo de exceso de ahorro. Primero salió de la recesión con políticas expansivas y déficits fiscales de más de 7% del PIB, que crearon dificultades de balanza de pagos. Ahora trata de corregirlas con fuertes recortes de gasto público que tienen todos los visos de regresarla a la recesión.
Como lo mostré en la última columna con las cifras de la industria, la agricultura y la construcción de las cuentas nacionales, la economía colombiana no marcha bien. Las predicciones oficiales resultan inferiores a los hechos y la política macroeconómica resulta insuficiente para ampliar la demanda de acuerdo con las posibilidades de la producción. La devaluación no propicia la expansión adecuada de la industria y la agricultura, en tanto que el déficit fiscal no le da el impulso necesario al mercado interno para compensar la contracción del déficit en cuenta corriente y copar la capacidad instalada.
Infortunadamente no se percibe un cambió de fondo en la orientaciones mundiales y calibrar los instrumentos, que tenderán a manifestarse en 2011.
El panorama mundial es complejo. Estados Unidos falló en la recuperación de la economía. Las políticas monetarias y fiscales no evitaron la recaída de la actividad y en el desespero acudieron a la devaluación del dólar y la especulación para no entrar en recesión; el mal se remedió postergándolo. Europa no ha podido descifrar cómo se actúa en un mundo de exceso de ahorro. Primero salió de la recesión con políticas expansivas y déficits fiscales de más de 7% del PIB, que crearon dificultades de balanza de pagos. Ahora trata de corregirlas con fuertes recortes de gasto público que tienen todos los visos de regresarla a la recesión.
Como lo mostré en la última columna con las cifras de la industria, la agricultura y la construcción de las cuentas nacionales, la economía colombiana no marcha bien. Las predicciones oficiales resultan inferiores a los hechos y la política macroeconómica resulta insuficiente para ampliar la demanda de acuerdo con las posibilidades de la producción. La devaluación no propicia la expansión adecuada de la industria y la agricultura, en tanto que el déficit fiscal no le da el impulso necesario al mercado interno para compensar la contracción del déficit en cuenta corriente y copar la capacidad instalada.
Infortunadamente no se percibe un cambió de fondo en la orientación del manejo. El tipo de cambio se ha venido revaluando recientemente por factores externos, pero es improbable que el Banco de la República le conceda prioridad sobre el control de los agregados monetarios. Asimismo, es dudoso que el Gobierno comprometa el déficit fiscal en ampliar la demanda hasta alcanzar la capacidad instalada; su nivel es determinado por mitos monetaristas y de libre mercado que son controvertidos a diario por los hechos.
Lo más preocupante es que no se ha avanzado en un modelo que rectifique las enormes diferencias de ingresos que se acumularon en los últimos veinte años. Las reformas presentadas en la última legislatura del Congreso significan cambios jurídicos que dan la sensación de grandes transformaciones institucionales, pero no cuentan con los recursos para darles un amplio alcance. Los estímulos en la ley del nuevo empleo y la formalidad no representan 0,5% del PIB. La ley de la reforma a la salud no establece los servicios del programa obligatorio (POS) ni la forma como se financiarán los servicios restantes. Para completar, el acto legislativo de la Regla Fiscal condiciona la financiación de los programas sociales a la austeridad fiscal.
Las perspectivas externas e internas no son propicias. No se percibe un manejo cambiario y comercial con capacidad de superar el contexto mundial adverso pa