Los índices parciales divulgados para el tercer trimestre revelan que la economía no sale del estancamiento. El producto nacional crece 2,5 % y el empleo cerca de 0 %. El crédito aumenta 2 %. Las exportaciones manufactureras y agrícolas no salen del letargo de varios años. Lo más sorprendente es que el recaudo tributario desciende 1 %.
La verdad es que el modelo macroeconómico de inflación objetivo y regulación de la tasa de interés no logró los resultados propuestos. Debido a la tasa de interés cero y a la baja cobertura de las operaciones de redescuento del Banco de la República, el sistema carece de mecanismos automáticos para igualar el ingreso nacional y el gasto. La tarea solo puede realizarse con una estrecha coordinación monetaria y fiscal.
El exministro Juan Camilo Restrepo, que ocupó altos cargos en la administración anterior, en un reportaje de María Isabel Rueda manifestó que la economía está bien, pero que la política fiscal se encuentra muy mal. La ilustración no podía ser más gráfica: el Gobierno adoptó tres reformas tributarias, el recaudo no aumentó y la actividad productiva cayó.
La administración anterior orientó las reformas tributarias a elevar el recaudo para reducir el déficit fiscal y mantenerlo por debajo del déficit en cuenta corriente. El dispositivo dio lugar a un exceso de ahorro y no afectó considerablemente el déficit en cuenta corriente. La economía se mantuvo estancada. Por lo demás, la baja del salario indujo un aumento del gasto social asistencialista y ocasionó una contracción de la actividad productiva por debajo de los recaudos. Lo que se ganó en ingresos tributarios con el IVA se contrarrestó con el aumento del gasto público y la caída de la actividad productiva. Por eso, a los pocos meses de divulgadas las reformas tributarias aparecía de nuevo el hueco fiscal, que llevaba a una nueva reforma tributaria.
El país quedó montado sobre reformas tributarias basadas en el IVA, que bajan el salario y aumentan el gasto público. Luego de tres reformas tributarias, el descenso de los recaudos revela el desconocimiento de las interrelaciones económicas. En un principio, las reformas contraen la actividad productiva y alivian la estrechez de recursos, y al cabo de un tiempo reaparece el faltante. En la práctica son mecanismos temporales para incrementar los recaudos y tapar huecos de gastos no programados. Mal pueden calificarse como estructurales.
No se trata de eludir responsabilidades culpando a una sola política. Como las dos políticas no son independientes, la responsabilidad es compartida. El culpable es el modelo económico que fija prioridades fiscales y desconoce las limitaciones del manejo monetario en un mundo de tasa de interés cero. Lo preocupante es que la nueva administración está comprometida con el mismo modelo. En el fondo pretende reactivar la economía con la ampliación del IVA, que reduce el salario real y aumenta los recaudos tributarios. Está visto que el expediente no supera el exceso de ahorro de la economía, es decir, no la reactiva, ni evita que el hueco fiscal reaparezca y conduzca a nuevas reformas tributarias.
La reactivación de la economía no puede realizarse con políticas fiscales aisladas. Lo que se requiere es una política fiscal y monetaria combinada que mantenga el déficit fiscal por debajo del déficit en cuenta corriente y le suministre amplia liquidez a la economía para ampliar el crédito y la inversión. Asimismo, es indispensable una estructura fiscal progresiva que permanezca durante décadas y no esté expuesta a las angustias de los recaudos.