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Se profundiza la crisis mundial

07 de febrero de 2009 - 10:00 p. m.

Los desbalances se acentúan, dejan sin piso la creencia de que los mercados se autorregulan.

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El fracaso reiterado de las políticas de la Reserva Federal, los discursos inconclusos del foro de Davos y las dificultades del plan de estímulos de Obama revelan inseguridad y desconcierto. No existe un diagnóstico de consenso sobre las causas de las crisis y no se han revisado las concepciones que la causaron y a diario la agravan.

El diagnóstico predominante en el debate y en las soluciones es que la crisis resulta de la ruptura de la burbuja financiera. Como ocurre usualmente, el público se traslada a los activos líquidos y los bancos experimentan grandes pérdidas de capitales que impiden el flujo de crédito.

El primero es un problema de liquidez que se resuelve, bajando la tasa de interés aumentando la cantidad de dinero y el segundo un problema de solvencia que se subsana entregando rescates a los bancos en dificultades para restituir el capital y normalizar el crédito. Ambos diagnósticos se siguieron al pie de la letra. La Reserva Federal bajó la tasa de interés de referencia a cero y ha destinado cuantiosos recursos del balance para adquirir activos tóxicos, como son las hipotecas subprime. La Secretaría del Tesoro destinó US$400 mil millones para cubrir las pérdidas de los bancos.

La política fracasó. La acción de las autoridades económicas en los dos frentes ha coincidido con el aumento de las quiebras, y pérdidas bancarias, el desplome de la producción nacional, el disparo del desempleo y la extensión a lo largo y ancho del universo a velocidades aterradoras. En América Latina, México, Brasil y Colombia están en recesión.

Los problemas de liquidez e insolvencia son más la manifestación de una causa más estructural. La raíz de la crisis es la globalización. El mundo se montó en una estructura en que los países emergentes colocan los salarios por debajo de la productividad para configurar superávit en cuenta corriente que se manifiestan en ahorros sobrantes que se trasladan a Estados Unidos para colocarlos en la valorización de los activos, que no puede sostenerse indefinidamente. La rápida desvalorización configuró un monumental exceso de ahorro en la economía de los Estados Unidos que provocó el desplome del producto y el empleo y situó la tasa de interés cerca de cero. Aún más grave, al frenar la entrada de los flujos financieros, los excesos de ahorro se extendieron de inmediato al resto del mundo replicando los efectos destructivos. El desorden es integral.

Como lo sugiere la tasa de interés cero, las acciones para aumentar la liquidez no funcionan porque la gente no la recibe. Por su parte, la política fiscal es insuficiente. No está en capacidad de subsanar el monumental exceso de ahorro, que a la luz de las cuantiosas desvalorizaciones, bien puede llegar a representar el PIB de un año.

La valorización de activos es la principal fuente de expansión de las economías y, mientras persiste ese vínculo, no habrá crecimiento estable. Las recesiones se prolongan por varios años y las reactivaciones se propician inflando las burbujas y lucrando a los responsables.

La configuración de excesos generalizados de ahorro quebró los intercambios comerciales. Los países con superávit no están en condiciones de sostenerlos, porque sus ahorros no pueden trasladarse a los países deficitarios para que les adquieran los productos. En cierta forma, la crisis mundial cerró el comercio mundial. Las balanzas de pagos de los países emergentes se deterioran en forma acelerada y la industria, el sector transable por excelencia, registra caídas espectaculares.

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En fin, la crisis mundial resulta de grandes desbalances que se acentúan y propagan, dejando sin piso la creencia neoliberal de que los mercados se autorregulan. La solución de fondo está condicionada a la intervención del Estado a todos los niveles, en particular en materia comercial y cambiaria. No basta ampliar la liquidez, rescatar los bancos e incrementar el déficit fiscal. Es indispensable introducir grandes transformaciones para sustituir el motor de la valorización de activos por el motor de la creación de riqueza y empleo.

El primer paso es recortar el monumental ahorro que se desplaza a los Estados Unidos y sólo tiene cabida en la especulación. De suyo, se requiere la intervención concertada de la comunidad mundial en los mercados para devaluar el dólar y reducir el déficit en cuenta corriente estadounidense.

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Por su parte, los países emergentes no pueden cruzarse de brazos ante la debacle de los mercados externos oyendo los cantos de sirenas. Quiérase o no, están en mora de actuar sobre los tipos de cambio, revisar los acuerdos comerciales, restaurar los aranceles y aplicar políticas industriales para ampliar los mercados internos, salvar las empresas y proteger el empleo.

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