A medida que se acercan los comicios de octubre, crecen las preocupaciones por los riesgos electorales que ya han comenzado a evidenciarse y que han sido denunciados por autoridades, medios de comunicación y ONG.
Una alarma la encendió el presidente del Consejo Nacional Electoral, Emiliano Rivera, quien hace unos días renunció a su cargo aduciendo que el Gobierno no le estaba entregando los recursos necesarios para realizar las investigaciones necesarias para prevenir estas irregularidades y para realizar las respectivas investigaciones. Si bien la renuncia no le fue aceptada, es un llamado de atención que el mismo Gobierno y la ciudadanía no pueden pasar por alto. Uno de los riesgos que se está presentando es el gran número aspirantes que se está inscribiendo por firmas. Es cierto que esta posibilidad está contemplada en la normatividad electoral, y que fue diseñada para darles a las personas la posibilidad de ser elegidas por fuera de los partidos y movimientos políticos y como un mecanismo para democratizar la participación política. No obstante, se está abusando de ella, desvirtuando el espíritu que le dio origen. Son variadas las razones que aducen los candidatos para inscribirse por firmas e igualmente diversas las razones que explican el incremento de este fenómeno. Entre ellas, se afirma que obedece a la debilidad de los partidos políticos, a su pérdida de credibilidad y legitimidad ante la ciudadanía y a su poca representatividad. De otro lado, hay quienes consideran que esto refleja un creciente interés de los ciudadanos de participar en política y de utilizar los instrumentos previstos en la constitución y la ley. Todos estos argumentos pueden ser ciertos. Sin embargo, es importante llamar la atención sobre los riesgos e implicaciones que este fenómeno puede tener en el sistema electoral y de partidos, y en general en la democracia. En primer lugar, muchas de estas candidaturas se sustentan en un discurso de la antipolítica y antipartidos, a pesar de que muchos de los aspirantes provienen de los partidos que critican y que en sus campañas están utilizando sus mismas prácticas. Además, porque si bien este discurso es muy popular, es engañoso, porque pocas cosas más políticas que las elecciones. En segundo lugar, la intención del legislador al permitir la inscripción por firmas fue ampliar la democracia y los espacios de participación política a personas independientes y a candidatos de opinión, lo cual sin duda ha sucedido y es positivo. No obstante, hasta ahora la experiencia muestra que el incremento de candidatos que se inscriben por firmas no necesariamente se ha traducido en un ejercicio más democrático ni más transparente de la política electoral. Incluso, esto le ha abierto las compuertas a personas que por sus antecedentes no recibieron el aval de sus partido o que en el pasado tuvieron o tienen nexos con sectores cuestionados. Además, los controles a la financiación de estas campañas son muy poco rigurosos y la rendición de cuentas a sus propios electores inexistentes. Podemos estar ante una nueva modalidad masiva de corrupción electoral y de captura del Estado. La ciudadanía y las autoridades deben estar atentas. * Directora Ejecutiva de Transparencia por Colombia @eungar1