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De Pelé a Uribe

21 de octubre de 2008 - 09:01 p. m.

HACE UNOS DÍAS UN AMIGO ME CONtó una anécdota sobre fútbol que me hizo pensar en lo que está sucediendo en la política colombiana.

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El 17 de julio de 1968, en un partido entre la selección Colombia y el Santos del Brasil, el rey de este deporte, Pelé, fue expulsado de la cancha. No obstante, ante las airadas protestas del público porque apenas habían transcurrido 25 minutos del primer tiempo, y por supuesto todos los espectadores habían ido a ver al astro, el  árbitro fue cambiado, y su reemplazo decidió reincorporarlo.  Con tal de satisfacer a las tribunas, todo valía, incluso cambiar las reglas del juego sobre la marcha.

Decía que este relato me transportó a la realidad política colombiana, porque por todos los medios se está tratando de ajustar las normas legales y constitucionales vigentes a las necesidades y aspiraciones personales del Presidente de la República, argumentando que las masas lo reclaman. El país está en vilo, mientras el primer mandatario y el Congreso de la República deciden sobre las diferentes opciones –cinco para ser más precisos– que están sobre la mesa (o debajo de ésta) para permitirle al primero mantenerse en el poder: reelección en 2010 o en 2014, o en los dos; aumentar el período presidencial a cinco años; garantizarle al presidente una curul en el Senado de la República y la posibilidad de que encabece una lista. O quizás, todas las anteriores.

Mientras que los cambios en las reglas del juego en un partido de fútbol pueden causar desconcierto, como de hecho sucedió en 1968, cuando lo que se modifican son las normas que determinan la permanencia o no de los gobernantes en el poder, y por ende sus relaciones con las otras instancias del Estado y con los ciudadanos, el desconcierto se traduce en inestabilidad.  Ya Guillermo O’Donnell y Phillip Schmitter, en su obra sobre las Transiciones desde un gobierno autoritario (Paidós, 1998), advertían que la incertidumbre sobre las reglas fundamentales del juego político equivalía a incertidumbre institucional, lo cual encarna un grave peligro para la democracia. Si bien, como lo indica el título, se referían a las transiciones desde gobiernos autoritarios, es pertinente traer a colación una cita textual de su artículo: “Se trata de períodos de extraordinaria incertidumbre, en los que los sucesos inesperados (‘la fortuna’), la información insuficiente, las decisiones audaces y apresuradas, la confusión en torno a los motivos e intereses, la plasticidad y aun la indefinición de las identidades políticas, así como el talento de determinados individuos (la ‘virtud’), son con frecuencia decisivos”.

Se trata de períodos en los que la confianza de los ciudadanos en las instituciones y en los gobernantes se ve menguada y en los que el rumbo de los acontecimientos acaba dependiendo más de los vaticinios y las conjeturas, que del comportamiento predecible de los actores en un estado de derecho. Ante la incertidumbre institucional, los regímenes democráticos se vuelven más vulnerables, y esto se agrava cuando el Poder Ejecutivo puede, directamente, o mediante su influencia en el Congreso, cambiar la legislación y hacerla efectiva de manera arbitraria. Por esto, el país tiene el derecho de saber sin dilaciones si el Presidente de la República quiere o no continuar en el cargo.

* Directora Congreso Visible.

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