Mileva Maric, una mujer de sobrada inteligencia, con un padre serbio de origen campesino con buenos medios económicos, vivía en la época (finales del siglo XIX) en que para la mujer lavarle los calzoncillos al marido y cocinarle era el futuro.
En otras palabras el combo ideal cocinera / lavadora y como en esa época no había lavadoras de corriente eléctrica, el toque femenino de lavado y secado era esencial.
Pensar en que podía hacer estudios universitarios era inconcebible. Pero logró convencer a su progenitor de que antes de pertenecer a la eufórica constelación de amas de casa girando alrededor del astro y sus calzoncillos debía experimentar algo más. En la época no era factible que una mujer estudiara salvo excepciones como Suiza, donde ingresó a la facultad de Física de la Universidad de Zúrich. Allí conoció a Alberto (Einstein para los familiarizados con la ciencia) quien fue su condiscípulo y luego se casó con él. A mí personalmente Mileva me cayó bien, me pareció una mujer que luchó contra viento y marea para sobrevivir; sin embargo el matrimonio terminó en desastre. Además los padres de Alberto le hicieron la vida imposible y seguramente las “prácticas” de violín hasta altas horas de la noche -a nuestro genio le encantaba tocar este instrumento- fueron parte de las gotas que derramaron el vaso. Tuvo relaciones con bailarinas y otras mujeres cuyo interés científico estaba más del lado de hacer tiqui-tiqui que otra cosa. Tuvieron tres hijos. Antes del matrimonio Mileva se fue a su tierra natal donde dio a luz a una niña que aparentemente dieron en adopción porque Einstein ni la conoció. Ya casados nacieron sus hijos Hans Albert y Eduard.
Todo esto que les estoy relatando no es producto de mi imaginación sino información clara y precisa del Museo Einstein en la capital de Suiza, Berna.
El museo está destinado a la vida y obra del padre de la Teoría de la Relatividad, la famosa E=mc2. No estoy interesado en convertir este apacible domingo en un sancocho de ideas revejidas, pues para ello hubiera comenzado la nota con algo así como: “Vida del científico más importante del siglo XX”.
El caso es que saltándonos la vida de colegio y universidad, llegamos a algo concreto de su vida que sale a todas luces claro: Einstein era un hombre con una mente práctica y un gran poder de síntesis, muy útil en su mundo de ecuaciones y teorías. Algunos científicos importantes de la época hicieron trabajos profundos en ciertos campos, pero fue Alberto quien se dio cuenta de los resultados en su forma aplicada. En ese sentido todo los compliques que le hayan añadido a sus teorías deben tener en consideración que el genio se basó en observaciones simples. El otro aspecto es su gran imaginación que lo llevó a vislumbrar universos en planos teóricos que con el tiempo se han podido ver en la realidad.
Para el desarrollo de sus teorías Alberto tuvo como soporte la idea central:
La velocidad de la luz (300.000 km por segundo) es siempre estable, sin importar el medio donde de origina o se transporta. Si usted va a 100 km por hora y utiliza la luz del auto, la velocidad de la luz será siempre 300 mil km por segundo y no 300 mil + 100 km/hora(o su equivalente en segundos). Obviamente esta estabilidad tenía que compensada. Pero eso es otro tema.
En el You Tube fuera de ver algunos objetos que le pertenecieron -a este científico, podrá observar un video donde aparece un actor imitando a Alberto, que demuestra la estabilidad de la velocidad de la luz. Realmente me gustó cómo situaciones complejas se pueden ver en forma simple.
Parte de sus años de trabajo en sus teorías se sucedieron en Berna, donde consiguió un puesto en la oficina de Patentes, con un buen sueldo para la época y sobre todo con tiempo suficiente para trabajar sus ideas, ya esbozadas en la universidad. Él mismo cuenta que el año 1905 fue especial pues pudo concluir parte de su trabajo.
Llegó el año del reconocimiento. En 1922 le fue concedido el premio Nobel de Física y de ahí para adelante su fama y sus trabajos, entre ellos la Teoría de la Relatividad, pasaron a ser parte del futuro mundo científico mundial, hasta el punto que hoy en día muchas de sus teorías están siendo comprobadas como el caso de las ondas gravitacionales, tema publicado en periódicos recientemente.
El genio no la pasó fácil, especialmente con la subida del partido nazi a Alemania. Con un puesto muy importante y buena paga en Berlín, no comulgó con las ideas de muchos científicos alemanes y fue despedido de una día para otro de la Academia.
En el mundo emocional, el “mechudo” (le gustaba dejarse crecer el pelo) siguió su incorregible vida “patialegre”. Se divorció de Mileva en 1914, y ese mismo año se casó con su prima Elsa, quien llegó a vivir con él llevando a sus dos hijas de un matrimonio anterior. Alberto continuó haciendo tiqui-tiqui con su secretaria, con una viuda, con una bibliotecaria y demás, para tristeza de su nueva esposa.
Elsa murió en 1936 y hasta sus últimos días él estuvo presente demostrándole su cariño y cuidados. Pero había llegado el momento del gran salto: En ciertos períodos daba cursos en la Universidad de Princeton. Las circunstancias y el ambiente en Europa ya no le eran propicios. En la lejanía se oían tambores de guerra y decidió emigrar a los Estados Unido para convertirse en profesor permanente de la famosa universidad.
Alberto murió en abril de 1955. Su vida fue una constante renovación, un descubrir permanente, lo que merece toda mi admiración como ser humano. Una frase de él que saqué de algún lado, me pareció que reunía en forma sabia algo que todos debemos aprender:
“Para conocer la vida es necesario conocer la naturaleza.”
Que tenga un domingo amable.