El amor es animal. Luego vendrán los sentimientos, pero inicialmente la alquimia, la mezcla entre las miradas y los deseos, constituye un principio. Lames, besas, chupas, se funden dos cuerpos hasta el punto de que no sabes cuál es el tuyo. Dejas que te besen sin dejar resquicio.
Te transformas en lo más animal de tu ser y encuentras que hay vida en ese acto y, así, el amor aparece como el amanecer donde todo es posible.
El nacimiento de un sentimiento de amor es la vida misma. Nada se puede hacer ni crear sin ese sentimiento; nada existe sin ese sentimiento. Para que se cumplan los deseos, el amor es el primer requisito. No es un invento contemporáneo, es un sentimiento milenario que ha sufrido los embates culturales, los sapos sociales, las desconfianzas, la usura sentimental, o sea, aquella donde “prestas” a tu corazón por un precio demasiado alto que nadie puede pagar y siempre te quedan debiendo.
El verdadero amor no exige, ni presta, sólo da. Hoy experimento esa dicha amable, no eufórica sino tranquila que produce el amor, convencido de que hay paz dentro de mí.
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Aprovecho para compartirles un poema de Jorge Luis Borges hablado por Julio Luis Coll que me ha servido de complemento al texto que (arriba) escribí.
Que tengan un domingo amable.