Un hombre de unos 50 años, de complexión fuerte, se paró frente a su casa y comenzó a leer un documento con voz fuerte y clara:
“En nombre del Reino, señor Rembrandt van Rijn, le informamos que usted ha incumplido con sus obligaciones de dinero. En consecuencia, todos los bienes que se encuentren en esta vivienda serán vendidos en subasta pública. El producto que resulte servirá para cancelar la deuda de impuestos, los pagos atrasados de la casa y al resto de sus acreedores”.
Estamos en el Siglo de Oro holandés, en el que la clase media emergió, se fortaleció y familias sin mayor alcurnia comenzaron a percibir grandes ingresos y a ordenar trabajos al pintor cuya fama había crecido en forma importante.
Pero, como cualquier artista de renombre o sin él, Rembrandt fue parte del universo de las circunstancias que son manejadas por energías que no resisten las explicaciones racionales. Saskia van Uylenburgh, la amada esposa del maestro, dio a luz a cuatro hijos, de los cuales tres fallecieron a menos de un mes de nacidos y fue el último, Titus, el único que sobrevivió. Pero en 1642, cuando el bebé tenía apenas un año, ella enfermó y murió.
Al paso del tiempo el universo del artista comenzó a cambiar. Los pedidos dejaron de llegar con la misma regularidad y Rembrandt se fue empobreciendo hasta el punto en que su ingreso no le alcanzaba para pagar los plazos de la casa que había comprado en Ámsterdam.
Siguiendo la montaña rusa de subidas y bajadas, tuvo dos relaciones amorosas que no lograron reemplazar el amor por Saskia y su trabajo se vio comprometido con estos vaivenes emocionales.
De entre los 600 óleos, 400 grabados y 2.000 dibujos que realizó, es quizás gracias a su gran lienzo conocido como La ronda de noche que ha trascendido los tiempos con un halo artístico que lo hubiera querido tener cualquier pintor.
El tema de este escrito obedece a una circunstancia muy especial: el año entrante se celebrarán los 350 años de la muerte del pintor. Por ese motivo recibí una invitación por parte del Archivo de la ciudad de Ámsterdam para visitar la exposición “Rembrandt privado”, en la que muestran una gran cantidad de manuscritos oficiales y cartas a través de los cuales se ve reflejada la vida de este artista. Asombra ver con qué cuidado han conservado este material irremplazable. Para hacerlo accesible al público usando tabletas e imágenes de realidad virtual, llevan al visitante por los textos que forman esta historia.
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Que tenga un domingo amable.