Llegamos a Johannesburgo en una tarde caliente. La ciudad tiene fama de insegura pero para nuestra sorpresa resultó un sitio amable, fácil de recorrer.
El deambular del destino nos llevó a una plaza con un edificio gris y crema, una prisión. Dentro, varios patios espaciosos rodeados de celdas. Es un recorrido doloroso, especialmente cuando el guía de la prisión menciona situaciones donde el preso perdía su dignidad al ser despojado de sus ropas, maltratado y torturado frente al grupo aun por cosas nimias.
Antes de entrar a la cárcel se puede ver en una pared una lista compuesta por 11 nombres. Se trata de los idiomas oficiales de Sudáfrica. Esta breve mención nos lleva a ser conscientes de un problema de proporciones inmensas: la multiplicidad étnica y lingüística. Pensemos que Mandela, para liderar su movimiento político, tuvo que conversar con toda clase de grupos que representaban a este país tan diverso y convencerlos de que la única vía de obtener la paz y reganar el país era el perdón.
Ahora vamos para el Apartheid, que quiere decir: Segregación. En este caso es una segregación racial organizada por un grupo, los –Afrikáners, descendientes en su mayoría de los colonos holandeses del siglo XVII, quienes se instalaron en Ciudad del Cabo, sitio escogido para que los buques pudieran repostar y seguir la travesía hacia las islas Molucas, parte de Indonesia, donde las especias eran el oro vegetal que crecía en los árboles. (o “que colgaba de” los árboles).
A finales del siglo XIX, por motivos más que todo económicos, el imperio más poderoso sobre la faz de la Tierra, los británicos iniciaron una guerra contra los locales blancos que se conoce como la Guerra de los Boers (“campesinos” en holandés).
Hasta ahora, como ven, los derechos de la mayoría africana dejan de ser tema importante entre quienes detentan el poder. Por el contrario. Tanto los ingleses como los afrikáners vieron en la separación entre negros y blancos algo normal.
Durante nuestra estancia en Johannesburgo asistimos a los diferentes museos donde pudimos ver las atrocidades sufridas por la gente de color. Una minoría secuestró a este gran territorio. Aquí una ideología chueca y enfermiza divulgaba que los desmanes cometidos contra la población de color tenían su razón de ser. Emergió a partir de 1948 el partido de los blancos dispuesto a implementar, a través de medidas de gobierno, las atroces limitaciones para la mayoría negra donde los africanos de color carecían de los derechos más elementales. Esto llevó a la creación de movimientos políticos africanos en contra de la minoría blanca dominante, entre ellos el ANC (Congreso Nacional Africano), cuyo líder Nelson Mandela fue encarcelado en 1962 y liberado en 1990.
Permaneció en prisión durante un periodo de 27 años, pero sin duda es ahí donde se centraba el gran poder de este líder, que fue imposible de doblegar frente a los maleantes vestidos con retóricas insanas tratando de convencer a una población que ya habían secuestrado y maltratado hasta la saciedad, que ellos de alguna manera tenían razón.
Los líderes no se destacan por las grandes teorías de reflexión y bala, uno sabe cual va de primero, sino por las actitudes que demuestran que buscan el bien común aunque hayan sufrido en carne propia los desmanes de una minoría.
La reconciliación nacional que toma en cuenta el perdón no es un acto popular o un show populista, sino donde el líder se juega el futuro suyo y de sus seguidores.
No es que Sudáfrica carezca de problemas. Los tiene por todas partes: en lo político, en lo económico, en lo social y el resto. Pero es una sociedad que busca el bien común y no está “secuestrada” por una minoría que sólo busca su beneficio.
El You Tube muestra con material de fotos nuestro ciertos aspectos de esta gran nación.
Que tenga un domingo amable