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Putas pero no sumisas

09 de abril de 2016 - 09:00 p. m.

Si usted lee este artículo y no tiene arriba de 100 años, no pudo conocer cómo eran los condones en París entre 1850 y 1910, ni tampoco ciertas costumbres de las putas o como las llamo yo, las haditas de la noche.

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El París de 1850 para adelante vivía una época dorada. El barón Haussmann fue nombrado por Napoleón III para que embelleciera la ciudad. Hombre disciplinado y de buena visión arquitectónica, ordenó construir o arreglar los bulevares famosos. Borró, por decirlo así, el viejo París lleno de problemas y mal mantenido. Haussmann se preocupó por limpiar las mejores fachadas, reconstruir calles, construir un alcantarillado y así la Ciudad Luz se preparó para ser el centro del mundo. Locales y turistas entraron en esa “follie”, en ese frenesí permanente donde la fiesta hasta el amanecer no paraba. La ciudad romántica, con sus veranos de vientos muy suaves y sensuales, acariciaban los cuerpos desnudos de las parejas que abrían sus ventanas ya casi al despuntar el sol, después de una noche de sensaciones, de sudor, de amor que como enredaderas que se encuentran y quedan entrelazadas duermen el amanecer de un domingo amable.

Tanto el Museo de Orsay como otros grandes museos de París prestaron al emblemático Museo Van Gogh de Ámsterdam buena cantidad de obras, precisamente de la época 1850-1910, sobre la prostitución en el arte. Muchos artistas famosos como Toulouse-Lautrec, Edgar Degas, Picasso y el mismo Van Gogh se inspiraron en estas haditas para pintar.

En el You Tube se pueden ver diferentes temas.

Alice de Lancey fue una de esas cortesanas que marcó un momento en la sociedad. Mujer inteligente con la habilidad de hacer creer a sus amantes que ÉL era el único que existía en la faz de la tierra.

La “Mujer del velo” (1891, Louis Anquetin) entre coquetería y sexo. El velo no pretende guardar un secreto sino resaltar la mirada y los labios rojos donde la intención es clara.

El nuevo París cambia su estilo de rumba. Para los franceses, obvio, el vino en los bares y cafés es la bebida tradicional que acompaña al “encuentro”. De pronto aparecieron las llamadas Brasseries, dedicadas a la venta de cerveza. Aquí era normal tomarse una cerveza y por añadidura proponer a la mesera el servicio adicional en algún hotel cercano. Hubo como una especie de emancipación en el gremio. Me explico, la haditas que trabajaban en un burdel específico, la policía las registraba, óigase bien, como “mujeres sumisas”, pero con el tiempo hubo quienes prefirieron trabajar independientes y ser catalogadas como “mujeres insumisas”, o sea en buen romance, putas pero no sumisas. Eso sí, no podían salir a buscar clientes sino hasta la “hora del gas”, cuando se iluminaban las calles.

La época que venimos comentando ayudó al nacimiento de teatros y nuevos cafés. El Folie Bergère, un éxito total del teatro donde torsos desnudos y buenas piernas formaron parte de espectáculos insuperables. Al lado también aparecieron más cafés y lugares de encuentro. En uno que otro se incluía la música y baile, para justificar cercanía y calentar cuerpos. En el boulevard de Montparnasse la Dome, la Rotonde, la Coupole y la Closerie de Lilas fueron parte de ese esa parranda loca.

Una obra que me pareció simpática, la de un hombre maduro que no podía disimular la lujuria en la mirada y en el bigote.

En otra obra espectacular aparece un hombre momentos antes de suicidarse, después de haber pasado la noche con Marion, una prostituta de la alta clase, aquellas que vestían con elegancia costosa. El cuarto y resto del escenario crean el ambiente visual de lo que quiere decir el pintor.

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Cuando llegue a los condones observará una dosis de inocencia con una mujer joven en el empaque, finales siglo XVIII. El consumismo actual, usted sabe, deja la inocencia por los suelos y se anuncia: “Lubricado con un revuelto entre aceite de las selvas de Indonesia de un árbol, de nombre en latín: cocus erectus para un Do de pecho sostenido por varias horas, a lo que se le añade al revuelto ungüento chino para eventuales raspaduras y rasguños.” “Súper fuerte, hipersensible, con sabor a lulo y guanabana, si quiere volverlo un coctel ya es por cuenta suya, pero unas gotas de whisky chivas, tratamiento externo, puede ser la solución en caso de…” “Su pareja quedará inconsciente de amor.” “Fácil de poner si la deseada tiene buenos dientes para romper el empaque en forma rápida. De lo contrario el paquete de seis trae tijeras.” Aunque puede arriesgarse a hacer el oso que mientras la lujuria ya está lista para la entrega total usted todo macho esté cortando la envoltura con las tijeras incluidas en el empaque y dé la impresión de que lo que le gusta es el origami.

La exposición “Virtud fácil: Prostitución en el arte francés de 1850 a 1910” estará abierta en el Museo van Gogh hasta el 19 de junio. Más información: www.vangoghmuseum.nl


Que tenga un domingo amable.
 

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