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¿Qué sabe usted del Canal de Panamá?

23 de enero de 2016 - 09:00 p. m.

La aterrizada en Ciudad de Panamá, en el aeropuerto de Tocumen, a 32 grados de temperatura, me trasladó a otra época.

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En 1889 el día comenzó con las mismas preocupaciones. La llovizna permanente continuaba, toda la semana había sido lo mismo. La temperatura de más de 30 grados centígrados creaba una humedad fastidiosa. El zumbido de los mosquitos era agresivo y sus picaduras dejaban la piel como una mazorca. La malaria, la fiebre amarilla y el resto de males de un trópico malsano habían diezmado a los trabajadores del canal y también a las arcas de la empresa Compagnie Universelle du Canal Interoceanique (fundada en 1880 con dinero francés) que se quebró. Para continuar con el llamado “canal francés”, cuyo director fue Fernando de Lesseps, se creó una nueva empresa, la Compagnie Nouvelle. El francés Philippe Bunau-Varilla representaba los intereses de los inversionistas galos y jugaría un papel de gran importancia en la independencia de Panamá.

La gran encrucijada del proyecto original era que había que excavar mucho para poder hacer un paso a nivel entre los dos océanos, similar al del canal de Suez que une el Mar Rojo con el Mediterráneo.

La historia sobre el canal francés está llena de peripecias, intrigas, traiciones y circo. Pero vamos a tratar de comprimir parte de los hechos amparándonos en una figura que para mí es clave para la independencia de Panamá y la construcción completa del canal.

Puede ser que para muchos Philippe Bunau-Varilla fuera un oportunista que buscó el beneficio de sus intereses comprometidos en la Nouvelle Compagnie, pero para otros, y de ese lado estoy yo, el señor Bunau-Varilla tenía un poder de comunicación y visión sobre lo que estaba pasando en ese momento de la historia que superó la visión de algunos colombianos. Por ejemplo del embajador José Vicente Concha, hombre patriota y probo a quien le producían nauseas y rabietas sus encuentros con el diplomático John Hay, a tal grado que en numerosas ocasiones optó por no recibirlo en su despacho en la embajada en Washington. Tremendo error pues se trataba de un trabajo diplomático y no de algo personal. Pero el doctor Concha también tenía otro problema al no hablar otro idioma fuera del de Cervantes. El caso es que terminó devolviéndose a Bogotá y fue reemplazado por un diplomático de carrera, Tomás Herrán, quien hablaba varios idiomas y podía comunicarse con el alto mando de la diplomacia de Washington en relación con la situación del Istmo. De aquí podemos saltar en la línea del tiempo a los resultados del trabajo de Herrán y Hay que culminaron en el tratado Hay-Herrán, aprobado por el gobierno colombiano pero no ratificado por el Senado. Con este error garrafal, una Colombia maltrecha que venía de una guerra civil, empobrecida y poco visionaria, objetó el acuerdo entre otras por lo bajo de los emolumentos que se pactaban: 10 millones de dólares por el ferrocarril al momento de la firma y 250.000 dólares anuales a partir del noveno año.

Esa decisión acabó dando espacio a los líderes independentistas del departamento de Panamá. El Senado Colombiano sólo se fijó en la parte económica sin darse cuenta que había mucho más en juego. Los líderes panameños pensaban en una nación en lugar de discutir emolumentos y beneficios económicos.

Una vez lograda su independencia, a los 15 días se firmó el tratado Hay-Varilla, que no fue otra cosa que el tratado Hay-Herrán con mejores condiciones para los americanos. Lo redactó el francés en su hotel, con la ayuda de un abogado americano amigo suyo. El tratado fue firmado por la nueva nación y pasado al Senado Americano, que también lo ratificó sin problemas.

Para llegar a este momento histórico pasaron cualquier tipo de incidentes que mantuvieron las decisiones en el filo de la navaja. El señor Bunau-Varilla, tuvo la habilidad de hacerse nombrar Ministro Plenipotenciario en representación de la nueva nación para poder firmar el acuerdo, lo que mortificó a mucho ego político en Panamá. Así mismo se las ideó para que el Senado panameño lo ratificara, afirmando que si no lo hacían, los Estado Unidos optarían por la formula de un canal en Nicaragua. En resumen, el francés contribuyó a facilitar la independencia del istmo por sus buenas relaciones con Washington.

Además Bunau-Varilla logró recuperar en parte la plata de los inversionistas franceses gracias al pago de 40 millones de dólares a la Nouvelle Compagnie. El resto es historia: se terminó de construir el canal y con el acuerdo Torrijos–Carter, firmado en 1977, se pactó que el canal quedaría en manos de los panameños a partir del 31 de diciembre de 1999.

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Hoy en día Panamá es una nación modelo de estabilidad con relación al resto de los países centroamericanos, con las vicisitudes políticas inherentes a las naciones latinoamericanas, claro está.

En un gesto de lealtad, Bunau-Varilla cedió los honorarios que el gobierno panameño le debía para hacer una estatua del gran protagonista de esta obra magna: Fernando de Lesseps.

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Para quienes no han presenciado el canal en operación, tomé un video que da una buena idea del paso de un buque, en este caso por la exclusa Miraflores. Ver You Tube.

Que tenga un domingo amable.

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