Hace unos días me la encontré en el tren de alta velocidad que va de Holanda al centro de París para luego proseguir con otro tren de alta velocidad para llegar a un pueblo-ciudad parecido a Cartagena, pero en el Atlántico de la costa francesa, la ciudad de Saint-Malo, espectacular.
No la veía con frecuencia. Bonita, superorganizada y con una piel excepcional, con su computador en la mesita que ofrece la silla donde estaba sentada, trabajaba como una hormiga. Al lado quedaba un lugar libre que aproveché para entablar conversación.
-Oye, días sin vernos. ¿Vas para las exhibiciones?
-Hola, sí. ¿Qué me cuentas de tu vida?
De esta manera se armó una buena charla durante el trayecto. Nos tomamos unos vinos y mi cabeza comenzó a divagar con la idea de ¿qué tal tener compañera para estos días? El caso es que el tema giró sobre dónde se iba a quedar. No había hecho reservación. Yo inmediatamente sugerí un hotel pequeñito en un lugar bien situado y, como dicen las señoras, bastante coqueto. Era tarde, como las 10 de la noche, cuando llegamos al hotel. Como dije antes, coqueto.
Me dirigí a la recepción y pedí una habitación. Mientras decía estas palabras, con el ojo derecho miraba a la recepción y con el izquierdo a mi eventual compañera quien sólo dijo:
– Usted sabrá.
La cuestión iba bien. El recepcionista preguntó si quería camas separadas o de matrimonio. Con firmeza indiqué: de matrimonio. Nuevamente el ojo derecho en la recepción y el izquierdo en la belleza que tenía al lado. Con tanta miradera pensé que se me iban a descuadrar los ojos.
-Usted sabrá–, dijo de nuevo.
Recibí una llave y la información pertinente de que se trataba del cuarto número 11 y se accedía mediante el ascensor. Desayuno de 7 a 9:30 de la mañana.
Cuando llegamos pusimos las maleticas en sitios donde fueran fáciles de abrir. Y aquí comencé a decir pendejadas.
-¿Qué lado de la cama te gusta más?–, como si eso fuera lo importante, en lugar de lanzarla sobre la cama y comenzar a conquistar su cuerpo para que se rindiera en medio de mis abrazos y energía salvaje de gorila que lo quiere todo.
Corregí e inmediatamente con voz dominante: -Tú del lado donde está la alarma y yo del lado del teléfono-, pero las salidas en falso de parte mía siguieron cuando le pregunté si quería ponerse la pijama primero.
Con un semibostezo me respondió que fuera yo antes. La cosa va bien, me repetí. Rápidamente me fui al baño y me puse la pijama que había traído, que era la que más me gustaba. Salí y la encontré ya metida en la cama donde pude notar que no tenía atuendo diferente a una piel suave y bien cuidada mientras yo había salido con mi pantalón corto de fondo blanco y punticos rojos, con una camiseta color naranja del club de futbol Ajax de Ámsterdam del cual soy fanático seguidor. La vi saltar como un rayo, desnuda, ir al baño y después de dos minutos salió con una pijama de dulce abrigo, azul, con motivos de ositos, pajaritos y estrellitas. La camisa abotonada hasta el cuello, los pantalones del mismo material, amplios como la camisa. No se notaba ninguna forma. Nos acostamos cerquita, pero no tan cerca. La energía que botamos era de cuento: yo pensaba que parecía una monjita en pijama -reconozco que no he visto ninguna monjita antes de acostarse- y ella, me imagino, pensaba: “este tipo es un loco de atar y ojalá no lo dejen salir a la calle”.
Así, poco a poco, el sueño nos fue venciendo. Ahí quedó el romance entre la monjita imaginaria y el loco de atar.
Una aclaración: quiero evitar que la UDEMP me vaya a montar una bronca. La pijama descrita la menciono con profundo respeto, pues no creo que un código conventual de vestido a la hora de acostarse sea un déshabillé (palabra francesa, no voy a hacer de traductor hoy, vaya y mire el diccionario, no le dé pereza). Y si quiere saber qué es la UDMEP: unión de monjas en pijama. Puedo intuir que deben ser muy sexis, pues fuera del compromiso religioso está la esencia de ser mujer y eso, nuevamente, merece todo mi respeto.
YouTube sobre la ciudad bellísima de Saint-Malo con música de fondo de un guitarrista que canta en catalán: https://youtu.be/Dmi1l02YQeA.
Que tenga un domingo amable.
Enrique Aparicio – Septiembre 2015.