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Con el sol a sus espaldas

24 de abril de 2012 - 06:53 p. m.

Mientras el presidente Santos se contempla en el espejo y trata de manejar su imagen a través de los medios y, por ende, se desvela por los resultados de las encuestas, poco a poco el país se “descuaderna” en sus manos.

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Son muchas las razones por las cuales la imagen favorable de Santos ha caído al 58%, inferior en más de 15 puntos a la que había alcanzado tres meses después de asumir el poder; según la más reciente encuesta de Napoleón Franco, contratada por varios medios de comunicación, unos de ellos muy afectos al gobierno.

Si bien es cierto a Santos le correspondió asestar significativos golpes a las Farc, el deterioro de la seguridad es evidente. Las tomas guerrilleras a poblaciones regresaron; los asaltos en carreteras rebrotaron; los secuestros aumentaron un 45% en 2011 frente al 2009; los golpes de la guerrilla contra instalaciones militares y policiales crecieron un 24%; y los ataques contra la infraestructura económica un 43% (Estudio CS&D). Ante este panorama, preocupa la disminución de las acciones ofensivas de la Fuerza Pública contra grupos ilegales.

La desatención a los damnificados del invierno es otro aspecto que afecta la imagen de Santos. Se ha limitado a prometer billonarios recursos pero solo ha atendido, en lo básico, el 35% de las calamidades ocurridas en diciembre de 2010, por lo tanto los daños de siguientes inviernos no han sido mirados. Casos como el de Gramalote, son un penoso ejemplo de ignominia del gobierno.

El cambio de discurso y de políticas estructurales también deterioran su credibilidad: el coqueteo al terrorismo con una presunta llave de paz en el bolsillo; la improvisada política de tierras cuyos resultados no son claros ni palpables al punto que se vislumbra una frustración; y la oportunista discusión sobre legalización de drogas a la cual se opone el 79% de los colombianos, entre otras. 

Ni qué decir de sus ministros. Los “presidenciables” sacando provecho clientelista del poder como ruedas sueltas. Otros, totalmente invisibles o grises; y algunos, como el de Transporte, éste sí demasiado visible pero negativamente, porque perdió un año concentrado en el espejo retrovisor esculcando a su antecesor y el resto del tiempo pensando y “estudiando” cómo iniciar su gestión; lo único que tiene para mostrar son las obras que heredó.

En fin, podríamos citar frustraciones en empleo, vivienda social, salud y, la bajísima ejecución en general, entre muchas otras. Lo cierto es que el Presidente está encerrado en un cofre dorado que lo obnubila en un mundo irreal y que ni a él ni a sus asesores los deja ver la realidad. Por el contrario, le aconsejan acudir al populismo de anunciar ‘casas en el aire y puentes donde no hay ríos’. 

Ahora, un presidente que vive de apariencias no puede mostrar resultados. Santos se preocupa en exceso por el qué dirán en el exterior mientras los problemas del país crecen. Sueña con la nominación a un premio de paz y se embelesa cuando algunos medios –pagos- lo ensalzan como líder de la región, asuntos que lo aturden e impiden atender las dificultades internas del país.

No es extraño que a ciertos gobernantes les llegue el desgaste al final de sus mandatos pero, en este caso, Santos ya tiene un sol tempranero a sus espaldas. 

Twitter: @emaciastovar

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