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¿Elefante en la Contraloría?

15 de mayo de 2013 - 01:11 a. m.

No comparto la hipótesis de quienes afirman que la Contraloría General parece una dependencia del gobierno nacional o, mejor, de la presidencia de la República. Aún quiero creer en la independencia de ese organismo de control.

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Sin embargo, hay asuntos en los cuales no se requiere de mayor esfuerzo para saber que son anormales y que evidencian un pronunciado sabor a negligencia de la entidad encargada de vigilar el buen uso de los dineros públicos. Uno de tantos es la agobiante propaganda oficial, principalmente en los canales privados de televisión, a través de la cual el gobierno pretende mostrar lo que hace, que es una obligación, y lo que no hace, que es una ilusión.

Pedir que no se despilfarre el erario público en propaganda oficial no es oponerse a que la administración pueda divulgar lo que quiera, más aún cuando hoy existen los medios virtuales para hacerlo. Lo malo y grave es que se gasten millonarias sumas de dinero público en publicidad política del gobierno en un país lleno de necesidades y de precaria inversión social como ocurre en la actualidad.

Si la Contralora dedica cortos ratos de su tiempo a mirar la programación de los canales de televisión podrá enterarse fácilmente de la cascada de mensajes publicitarios del Gobierno; propaganda que además de contaminar la tranquilidad de los televidentes, viola normas de la ética y del estatuto anticorrupción, y atenta contra el uso eficiente y eficaz de los dineros del Estado.

Los colombianos vemos, leemos y escuchamos que el Gobierno malgasta millonarias sumas de dinero en propaganda pero hoy no tenemos la menor idea de cuánto le cuesta al Estado esa publicidad, la mayoría engañosa. Seguramente la Contraloría lo sebe; y de ser así, raya con la complicidad porque a las claras hay una flagrante violación de las normas de control fiscal. No creo que se trate de donaciones de los propietarios de los medios privados al Gobierno.

Señora Contralora, el ministro de Vivienda (candidato presidencial) ahoga a los televidentes con anuncios de casas para los pobres que presuntamente regala pero, seguramente, le cuesta más al erario la publicidad que las casas; y también anuncia que financia acueductos. La presidencia de la República publicita cifras no verificables de subsidios a Familias en Acción, por ejemplo; pero cuántos podría financiar con el costo de la propaganda que los promociona. El ministro de TIC publicita con millonarios avisos la entrega de tabletas. Y tantos otros motivos que se inventa el Gobierno para contratar publicidad. Todo a nombre de la “prosperidad”; pero, en este caso, la “prosperidad” ha sido para los propietarios de los medios de comunicación.

No es justo, señora Contralora, que el Gobierno pretenda colocar una costosa cortina a su falta de ejecución y combatir los resultados del presidente Santos en las encuestas con publicidad pagada con el presupuesto oficial. ¿Y qué ha hecho la Contraloría?

La campaña a la reelección del presidente Santos ni la candidatura del ministro Vargas, pueden ser promocionadas con publicidad oficial. Ni puede uno creer que el elefante de la publicidad del Gobierno pase por el despacho de la Contralora sin que ella se entere.

@emaciastovar

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