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Todos queremos la paz, pero…

28 de agosto de 2012 - 06:00 p. m.

No hay un colombiano de bien que no quiera la paz. Sin embargo, no se trata de conseguir aquella paloma blanca que lleva en su pico una ramita de olivo, sino de lograr un país donde impere la seguridad, la tranquilidad y la justicia. Luego la paz no puede ser una bandera electoral.

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Cuando se busca la paz con afán político y a cualquier precio frente a una organización criminal que históricamente se ha negado a dejar su actividad delictiva y que siempre ha buscado solo el poder y su propio gobierno, se corre el riesgo de caer en la trampa del Caguán. Más aún, después de dos años de haber abandonado la política de seguridad que logró devolverle la viabilidad al país. Dos años durante los cuales se ha recuperado la capacidad terrorista de las Farc.
Con un agravante de talla mayor. Los colombianos no sabemos qué busca el Presidente de la República ni de qué tamaño es su compromiso con las Farc. Porque este asunto, el más importante y delicado del país, se ha venido manejando en la clandestinidad y con mentiras, auspiciado por protectores caracterizados de esa organización, como Chávez y los Castro, entre otros.

El presidente Santos le mintió al país desde el momento de su posesión cuando dijo que tenía “la llave de la paz” en el bolsillo, pero no indicó cuál bolsillo ni de quién. Y le volvió a mentir a los colombianos hace dos meses ante la aprobación del mal llamado “marco para la paz”; hace dos meses dijo: “…esa reforma de por sí no significa nada, tiene que desarrollarse de acuerdo a lo que el Congreso decida mediante leyes estatutarias. O sea que esta reforma no desencadena ningún proceso”.
Pero siguió engañando a la nación negándose sistemáticamente a reconocer que estaba sentado a manteles con los voceros de las Farc. Solo ahora que le descubrieron el secreto tuvo que salir, sin vergüenza alguna, a decir que sí estaba negociando; aunque sigue ocultando lo que cederá a las Farc a cambio de intereses políticos. Los colombianos desconocemos los compromisos pactados en la clandestinidad por Santos con las Farc y su protector Chávez.

Solo conocemos rumores, como la intención de otorgar indultos y amnistías a cabecillas del terrorismo para que puedan ser elegidos. A propósito, muy grave la afirmación del Fiscal General, al decir que prefiere a Timochenko y a Márquez en el Congreso. Muy delicado porque salen del funcionario encargado de acusar a todos los delincuentes del país. En otras palabras el Fiscal les anticipó el indulto.

Hay razones suficientes para desconfiar de un proceso que se negocia en secreto, de espaldas al país, y con mentiras. Preocupa mucho que se esté negociando a cualquier precio y en medio de un peligroso deterioro de la seguridad. Para llegar al dialogo había que acabar de debilitar a la guerrilla y no haber permitido su recuperación. Es alarmante que un gobierno manejado con apariencias y anuncios mediáticos haya entregado su agenda política a las Farc con el propósito de legitimar a Chávez en vísperas electorales.

Desde luego, repetirán que algunos le tenemos miedo a la paz o somos sus enemigos. No importa porque la paz es anhelada por todos: Sí le tenemos miedo al engaño, a la mentira, y a una nueva frustración.

@emaciastovar  

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