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Acuerdo base con el Eln

17 de junio de 2009 - 09:35 p. m.

HACÍA MUCHO NO SABÍAMOS NADA del Eln, guerrilla con la que hace un par de años se dialogó sin resultados concretos. Como en todos los acercamientos que históricamente se han tenido con esa organización, el pan se quemó en la puerta del horno.

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Comenzando esta semana, apareció una entrevista concedida por Gabino en la que dice que el “Eln tiene una política de paz clara, amplia y sólida aprobada en sus congresos y tenemos la suficiente entereza para desarrollarla y defenderla, sólo que para eso se requiere voluntad de la contraparte, y es ahí donde está el problema”.

Igualmente, sentencia que la paz no ha sido posible por culpa del Gobierno que, según el jefe del Eln, “da a la oposición política y particularmente a la insurgencia, el calificativo de terroristas, aplicando la receta trazada por EE.UU en el gobierno de Bush; con ella se niega la posibilidad de un proceso de paz exitoso, porque sencillamente se desconoce a las guerrillas su verdadero carácter insurgente”.

Mirémoslo por partes y a la luz de hechos concretos y verificables. Fruto de las rondas de diálogo sostenidas en La Habana, entre los años 2005 y 2007, surgió el denominado Acuerdo Base, documento que recoge los puntos de vista del Gobierno y del Eln sobre asuntos definitivos como el desminado, el secuestro, el cese de hostilidades y la participación de la sociedad civil en un eventual proceso de paz con esa organización.

 Ese acuerdo, elaborado conjuntamente, de manera inexplicable —y a última hora— no fue firmado por el Eln. Entonces, si Gabino quiere que creamos que eso de la “sólida política de paz” de su organización es algo cierto, un gesto interesante en ese sentido sería la suscripción del escrito en comento.

El Eln debe concientizarse de que una negociación de paz, bajo sus pretensiones históricas, es simplemente imposible. Las dinámicas de hogaño son radicalmente opuestas a las que otrora se implementaban. Está el caso de la financiación. Dicen los elenos que la firma de un cese de hostilidades traería consigo la obligación, por parte del Estado, de financiar la manutención de sus hombres. Para poder llevar a la práctica semejante exigencia, sería necesario concentrar a las tropas, identificarlas y censarlas. Antonio García, el hombre fuerte de esa guerrilla, se opone radicalmente a ello diciendo que el sostenimiento debe ser cancelado en efectivo y que la parte operativa correría por cuenta de su organización. ¿Es eso aceptable? ¿Estaría de acuerdo la opinión pública con que una parte del erario sea empacado en un maletín y entregado a los comandantes del Eln?

Un proceso de paz requiere seriedad. Si no hay confianza, pues para eso está la figura del facilitador. Una misión de apoyo y observación de orden internacional que cuente con el aval de ambas partes podría correr con la responsabilidad de buscar los mecanismos de financiación del cese de hostilidades y de la administración de esos recursos.

Pero el Eln se resiste a concentrar a sus hombres. Insiste en un proceso de paz donde no se toquen dos temas que son definitivos: el desarme y la desmovilización. Mientras ese par de asuntos continúen ahí, la paz con esa guerrilla será imposible de alcanzar, independientemente de la persona que ejerza la Presidencia de la República.

Sea quien sea el gobernante de los colombianos, vamos a oír de esa guerrilla la misma frase que permanentemente se le enrostra al presidente Uribe: “Su gobierno no es soberano y su política responde a una estrategia macabra trazada en el Despacho Oval” (¡!).

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