LOS RESULTADOS DE LAS ELECCIONES del pasado domingo confirman el nivel de penetración social que ha alcanzado la política de Seguridad Democrática.
Habitantes de regiones históricamente azotadas por el terrorismo, demostraron con su voto el rechazo a las manifestaciones violentas de los ilegales.
Miremos, por ejemplo, el comportamiento electoral de los nueve municipios del sur del Tolima, zona considerada como el pivote geográfico desde el que las Farc pretendían dominar al país.
En todos estos municipios, con excepción de Coyaima, Juan Manuel Santos sacó más del 50% de los votos. A finales del año pasado, el alcalde de San Antonio fue secuestrado por integrantes del frente 21 de las Farc. Seis meses después, el 84% de los ciudadanos de ese alejado pueblo votaron por el candidato de la Seguridad Democrática.
Hace dos meses, una cuadrilla de las Farc hostigó durante más de tres horas la estación de Policía de Roncesvalles. La guerrilla ha intentado hacer hasta lo imposible para retomar el control de ese municipio y para tal efecto han cometido los más atroces crímenes; uno de ellos, el asesinato de la mujer que distribuía el diario Nuevo Día. Su oficio fue considerado por los terroristas suficiente razón para declararla objetivo militar. Los desmanes de los criminales fueron contestados a punta de votos. El 78% de las personas que votaron en Roncesvalles lo hicieron por Santos.
Otro punto interesante para este barrido electoral es el de la denominada zona de despeje del Caguán, integrada por cinco municipios, cuatro de ellos en el Meta y uno en el Caquetá. En San Vicente del Caguán, Santos sacó el 45% y Mockus el 25%. En Mesetas el triunfo del uribismo fue del 66% contra el 14%; en Vistahermosa se obtuvo el 78% frente al 12% de los Verdes. En La Macarena ganó Santos con el 61%, mientras que Mockus se quedó con el 23%. La Uribe fue el único municipio antes despejado en el que no ganó el Partido de la U. Allí la victoria fue para el Polo Democrático.
En Pradera y Florida, al oriente del Valle del Cauca, Santos ganó con el 48% y el 42% respectivamente. Esas cifras pueden entenderse como una voz de respaldo de la mayoría de los habitantes de esos dos pueblos a un Gobierno que ha negado la posibilidad de despejarlos de Fuerza Pública parar sentarse a hablar con la guerrilla sobre el acuerdo humanitario.
Las selvas del Guaviare, refugio natural del otrora poderosísimo frente primero de las Farc, votaron mayoritariamente a favor del ex ministro de Defensa que lideró la Operación Jaque, esa misma que se metió al corazón de esa malhadada cuadrilla terrorista y en cuestión de minutos le devolvió la libertad a 12 colombianos y tres norteamericanos secuestrados. En el Guaviare, Santos alcanzó el 56% de los votos.
A mediados de noviembre del año pasado, miembros de la guardia venezolana dinamitaron dos puentes peatonales de uso civil en el municipio norte santandereano de Ragonvalia. Los puentes artesanales eran utilizados por los campesinos de la región para el intercambio comercial con Venezuela. Ese ataque, que en su momento fue denunciado por Colombia ante organismos multilaterales, se reflejó en las elecciones del pasado domingo, cuando el 81% de los ciudadanos del pueblo afectado votaron por Juan Manuel Santos, a pesar de las amenazas permanentes que recibían de los militares al otro lado de la frontera.
Estos ejemplos son útiles para entender que las políticas implementadas durante los últimos ocho años permearon a la sociedad colombiana. Los resultados electorales del domingo son prueba fehaciente de la desconexión entre quienes creían que la Seguridad Democrática era un engendro mediático y un pueblo que quiere continuidad ideológica.