SE FIRMÓ EL ACUERDO CONSTITUTIVO de Unasur, unión política y económica de la que hacen parte la docena de países suramericanos.
Le correspondía a Colombia la presidencia pro témpore, que fue declinada por aquello de las diferencias con los gobernantes de Ecuador y Venezuela.
Esos organismos multilaterales, pegados con babas, no son la panacea. La Comunidad Andina de Naciones, con casi 40 años de historia y cuyo objeto fundamental consiste en lograr la integración de los países que la conforman, está a punto de desaparecer. Chávez, en una de sus famosas rabietas, retiró a su país.
Lograr consensos en el interior de la CAN es tarea de titanes. La última surgió por cuenta de Bolivia, cuyo presidente sorprendió al escenario con la sofisticada tesis de que los servicios públicos son un derecho fundamental, razón por la que no deben ser incluidos en el TLC que se está negociando con la Unión Europea. Nada menos se puede esperar de alguien que, sin ponerse colorado, asegura que “los tratados de libre comercio son instrumentos de colonización y dominio”.
Que el ambiente en la región está enrarecido no es nuevo, y todo por cuenta del repugnante maridaje de Chávez y Correa con los terroristas de las Farc. Entonces, ¿no es un poco prematuro que, en el marco de Unasur, se constituya esa especie de ‘consejo de seguridad’ suramericano del que muy poco se ha hablado?
Mirémoslo bien. Brasil pretende que los doce países conformen un cuerpo al que se ha denominado Consejo Suramericano de Defensa y que le cae de perlas a Hugo Chávez. De hecho, la idea del presidente Da Silva tomó forma luego de una cumbre entre él y el presidente venezolano a finales de marzo de este año, cuando el mandatario de Miraflores, fiel a su temperamento paranoico, se despachó a favor de la integración de una OTAN regional. Ya me imagino a Chávez encaramado en su caballito de palo, armando teatros de operaciones en su esquizofrénica guerra definitiva contra “el imperio”.
El proyecto siguió rodando por las cancillerías de los países convocados, donde los megalómanos gobernantes, uno a uno, fueron enriqueciendo el borrador. Llegó a Lima y el brillante Alan García tuvo la gran idea de sugerir que ese seudoconsejo de seguridad adoptara la prohibición de que los miembros no se vendan armas entre sí. ¿Dónde está la letra menuda? Pues claro, los célebres Súper Tucano que tienen nuestras Fuerzas Militares son de fabricación brasileña.
Por supuesto que Alan, en ningún momento sugirió la veda a la compra de aviones Sukhoi o de fusiles Kalashnikov, pues cómo iba a hacerle semejante desplante al temido Hugo Chávez, ese mismo que en la campaña presidencial le gritó “maniobrero, alcohólico y ladrón”.
Pues bien, ese Consejo Suramericano de Defensa posee un espantoso tufo revanchista. Tiene toda la pinta de una exhibición grotesca de colmillos a los Estados Unidos y no a una propuesta integradora, fundamentada en elementos básicos que propendan por la estabilidad regional. Para que una iniciativa de ese calibre tenga futuro y sea viable debe partir del compromiso ineludible de todos los miembros de rechazar enfáticamente los factores atentatorios contra la democracia.
Si así fuere, lo mínimo que puede esperar Colombia es un compromiso claro y contundente de los demás once países de cooperar estrechamente en la lucha contra el terrorismo. Una petición en ese sentido, tal y como están las cosas, es un saludo a la bandera. Ningún presidente suramericano, unos por complicidad y otros por cobardía, va a reconocer la condición mafiosa y terrorista de las Farc.
La duda final consiste en saber cómo hará Brasil para albergar en su territorio al Consejo de Defensa de forma paralela al Foro de Sao Paulo, en el que participan representantes, voceros y defensores de grupos terroristas.