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Atracción de inversión extranjera ¿estratégica o problemática?

12 de junio de 2016 - 09:00 p. m.

Atraer inversión extranjera a conlleva, en el mejor de los casos, en dinamismo para la economía. En el caso colombiano, por ejemplo, se generan muchas opiniones al respecto. Muchas de ellas relacionadas con la generación de empleo. Lo cierto del caso es que no toda la inversión extranjera es generadora de empleo y más bien es distractora.

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La aparición de fenómenos económicos como el de capitales golondrinos, es decir aquellos que entran por poco tiempo, han sido por años uno de los males endémicos de los mercados emergentes como el colombiano. Por otro lado, la enfermedad holandesa, esa que padecemos en Colombia por cuenta de la dependencia de los hidrocarburos, generan más que dinamismo, problemas para la economía. En el caso de los capitales golondrinos son pocas o nulas las plazas de empleo que generan. Por otro lado, en el caso de la enfermedad holandesa, se generan dependencias de materias primas de las que con el tiempo terminan derrumbando cualquier política monetaria. La pregunta entonces no debe ser ¿por qué queremos ser tan atractivos para los inversionistas extranjeros? Sino ¿Qué tipo de inversiones son las que queremos en el país?

Es que cuanto mejor es la pregunta, mejor será el análisis y consecuentemente la respuesta. Por ello, es necesario que la economía colombiana sea más estratégica y además selectiva. En el caso de la atracción de la inversión extranjera, lo primero que debe lograr el Estado es tener un país con mucha competitividad. Para lograr pasar el examen en esta materia, hay que revisar los índices de competitividad provistos por reportes como el Foro Económico Mundial (FEM), es decir el índice Global de Competitividad (IGC) y el índice de competitividad del Instituto Internacional de Administración del Desarrollo (IMD). Con estos reportes, tanto del FEM como del IMD, se podrá establecer una planeación estratégica de cara a cerrar las brechas más sensibles que afronta el país en materia de competitividad. Una vez resuelto el asunto, o por lo menos cerrando las brechas más problemáticas en esta materia, el Estado debe procurar mantener su política monetaria. En este aspecto, creo que la cosa funciona.

El paso siguiente es lograr mantener las calificaciones de riesgo en niveles de grado de inversión e incluso mejorarlas. En este aspecto, Colombia ha logrado mantener las calificaciones en este nivel, aunque hemos tenido, a principios del año, un llamado de atención por parte de S&P quien cambió su perspectiva sobre la economía colombiana a negativa por cuenta, precisamente, de la dependencia de hidrocarburos, es decir por cuenta de la enfermedad holandesa. Lo rescatables de todos esto es que hay un camino por recorrer y que esta enfermedad holandesa genera también oportunidades, sobre todo para diversificar la economía y no hacerla tan dependiente de bienes primarios y en su defecto buscar alternativas con bienes secundarios (industrialización) y terciarios (Servicios, medios y entretenimiento).

Si se logra equilibrar la economía con los tres tipos de bienes, seguramente las calificaciones de riesgos mejoran y con ello se atraería, de manera natural, a los inversionistas extranjeros. En este punto es en donde se merece tener toda la prudencia pues se deberían seleccionar a los inversionistas con criterios claros en los que se les dé prioridad a los industriales. Con ello no sólo se atrae inversión extranjera de largo plazo sino que se generan empleos directos e indirectos. Para lograr este objetivo es necesario que el estado establezca reformas estructurales, no sólo tributarias, sino reformas holísticas en donde se incentiven las inversiones tanto locales como foráneas en sectores de la economía distintos a de los primarios. Con ello no sólo se combate la entrada de capitales golondrinos sino que se le cierra la posibilidad de volver a tener crisis económicas por cuenta de una enfermedad holandesa que cada vez más se podría calificar como colombiana.

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