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Ayúdate que yo te ayudaré

16 de diciembre de 2019 - 12:00 a. m.

A propósito de tantas protestas y paros ausentes de propuestas, es necesario que recordemos nuestra historia socioeconómica. Colombia se ha caracterizado por ser un país Commodities-dependiente. Es decir que dependemos de la explotación de recursos naturales renovables y no renovables (bienes primarios). De hecho, en las últimas décadas hemos sido un país dependiente de los hidrocarburos y de la minería. Aunado a ello, la agricultura ha marcado gran parte de las tradiciones actuales, una de ellas es nuestra exquisita cultura gastronómica. Mucho se ha intentado por tratar de equiparar nuestra dependencia de los bienes primarios de la economía. Para ello, hemos tratado – con poco éxito – de desarrollar la industria de cara a procesar y transformar los bienes primarios y derivado de ello producir otros tipos de bienes (bienes secundarios). También hemos querido – con algo más de éxito – incursionar en bienes terciarios (servicios, medios y entretenimiento). Seguir intentando y estoy convencido que se podrá lograr. Sin embargo, es importante que no olvidemos el gran potencial que tenemos y que de paso no nos olvidemos de nuestra esencia.

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La resiliencia es una de las características de los colombianos. Si no, recordemos que hemos sabido levantarnos de un conflicto armado del que muchos, en el que me incluyo, hemos sido testigos desde nuestra génesis. Eso puede ser un buen indicativo de que podemos lograr cambios significativos de nuestra historia, pues no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Sin embargo, debemos acudir a nuestro sentido común. Los cambios sociales y, derivados de ellos, económicos dependerán de reformas verdaderamente estructurales, es decir de reformas estatales y no de gobiernos. Los cambios sostenibles dependerán de reformas sostenibles y perdurables en el tiempo, es decir que estamos hablando de cambios que seguramente tomarán tiempo en ponerse en marcha y mejor aún, quizá no seremos testigos de ellos. Es decir que serán las siguientes generaciones las que gozarán de un mejor país para vivir. Así las cosas, es momento de dejar de ser egoístas y por fin pensemos en un mejor futuro.

El alimento de estas reformas dependerá de qué tan realistas somos. La dependencia de un bien primario no debe ser un pecado. Mejor aún, deberíamos ser obedientes de nuestra historia. Por eso, si queremos tener un desarrollo económico y social, no podemos darle la espalda a la posición geoestratégica que tenemos y mejor aún aprovecharnos, de manera responsable y sostenible, de los recursos que Dios nos regaló. Uno de mis cuestionamientos, por ejemplo, es porqué tanto miedo y protestas en contra del desarrollo minero-energético. No voy a centrarme en los argumentos repetitivos y ausentes de argumento científico e histórico. He intentado entender porqué naciones mineras y como Colombia: Commodities-dependientes, han logrado ser sostenibles y lograr desarrollos económicos. No estoy hablando de EE.UU., pero sí de Canadá y de Australia por ejemplo donde gran parte de su economía depende de los recursos naturales no renovables. Alguna cosa estará haciendo bien y que quizá podamos emular.

El punto es que debemos dejar de pensar en la explotación de nuestra riqueza contraponiendo el tema medioambiental. La convivencia de es posible, sí y solo sí, nos especializamos como lo han hecho países desarrollados y de pensamiento medioambiental sostenibles. Seguir protestando sin argumentar ni conocer las mejores prácticas, nos llevarán a darle la espalda a una posible solución estructural que tanto merecemos. Invertir en el desarrollo industrial responsable de nuestros recursos naturales, es quizá uno de los principales argumentos de una reforma verdaderamente estructural. Bienvenido el debate con argumentos, pues lanzar solo críticas con argumentos repetitivos y ausentes de profundidad nos conducirá a un círculo viciosos del que terminaremos siendo recordados negativamente. Ayudémonos para que el Todo Poderoso nos pueda ayudar.

En Twitter @JnicaV

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