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Brexit, paz y algo más: causantes de la volatilidad

26 de junio de 2016 - 09:00 p. m.

Luego de una semana cargada de expectativas por el principio del fin del conflicto que padece Colombia por más de cinco décadas, el mundo se vio sorprendido por el Brexit y no el Bramain. Esta última noticia, revolucionó los mercados financieros al punto de poner a tambalear las economías de las que no se escapó la colombiana.

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Lo realmente plausible para Colombia es la firma del acuerdo que pone fin al conflicto armado, por lo menos el primer paso: el cese bilateral del fuego.

Independientemente de la polarización que pueda generar este acuerdo y de los sapos que nos vamos a tener que tragar, queramos o no el futuro del país será mucho más halagüeño. El crecimiento económico derivado del posconflicto exacerba las necesidades de mejorar la competitividad del país, no sólo para la arena internacional sino para el consumo interno. Es por esto que el proceso de modernización en materia de infraestructura no sólo debe ser tenido en cuenta en la construcción de autopistas sino en la interconexión de un sistema intermodal en donde el ferroviario y el fluvial deberían ser preponderantes. La mano de obra a emplear en esta modernización podría ser la piedra angular en materia de capacitación técnica y empleabilidad de los desmovilizados, por ejemplo.

Sin lugar a dudas, el proceso de posconflicto será uno de los principales desafíos que afrontaremos en el país del Sagrado Corazón. Lo trascendental en este proceso es que no sólo es una obligación del Estado sino de todos. La veeduría de los ciudadanos debe ser más activa y sobre todo que se refleje en el voto. Lo realmente significante es que el porvenir del país no se puede entregar a los extremos, pues lo que realmente necesita el país es un fortalecimiento de sus instituciones y con ello una lucha frontal en contra de la corrupción. Para ello es necesario que todos los ciudadanos le hagamos el quite a la pérdida de memoria pues el país no se merece ni un modelo claramente fracasado como el socialismo ni tampoco una ultra derecha que avive la polarización no sólo política sino entre clases sociales.

Buscar la medida justa de cara al progreso económico debe ser la premisa.

Cuando todo esto sucedía, el viernes pasado amanecimos con la noticia del Brexit. La salida de Reino Unido de la comunidad económica europea no sólo fue una sorpresa sino que impactó la economía mundial. Muchas expectativas había generado esta movida política. Mientras las encuestas auguraban un Bramain, es decir la permanencia en la Unión Europea, el Brexit finalmente triunfó en una apretada votación (52%Brexit contra 48%Bremain). Más allá de la noticia histórica, la convulsión de los mercados internacionales no se hizo esperar. En el caso colombiano y por esa nefasta dependencia de variables exógenas, los mercados de acciones, devaluación y sus colaterales, nos pasaron la factura.

La correlación existente entre el dólar y el precio del crudo nos sacudió, pues la caída de los precios internacionales gracias al Brexit generó una devaluación de COP75 aproximadamente. Por su parte, el mercado accionario no se escapó de esta convulsión y generó pérdidas casi incontrolables. Con ello, se esperan desafíos para la economía colombiana en materia de inflación y que conllevaría a revisar de cerca las decisiones de la FED en materia de incremento de tasas de interés. En tal sentido, deberíamos empezar por hacer un Rosario para que la FED se dé cuenta que no es conveniente una subida de tasas de interés en EE.UU., esto causado, nuevamente, por el Brexit. Es por esto que es más que necesario que el país busque alternativas de diversificación de su economía, con esto se minimizaría las variables exógenas que tanto daño nos hacen, pues poco o nada puede controlarse localmente. El emprendimiento corporativo y particular y la innovación podrían coadyuvar con la industrialización del posconflicto, por ejemplo.
 

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