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Gente y poder adquisitivo

30 de marzo de 2020 - 12:00 a. m.

Vivimos en un mundo convulsionado. Un mundo que ha cambiado drásticamente. Un mundo que nos clama preservar la vida por encima de cualquier cosa. Los efectos del COVID-19 no solamente están afectando a la economía mundial, de la que Latinoamérica ni Colombia se han podido escapar, sino también el comportamiento de nosotros como ciudadanos. En este escenario, la economía no es más que la respuesta a los comportamientos de sus ciudadanos y de las empresas. Así las cosas, en la medida que exista gente con poder adquisitivo y libre locomoción, mayor capacidad de crecimiento económico tendremos. Sin embargo, el efecto de este virus maléfico ha cambiado por completo nuestro comportamiento social y por ende económico.

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En el entendido, entonces, de que la economía es gente y lo que hace la gente, al menos ese es mi entendimiento, el COVID-19 ha cambiado significativamente el comportamiento de ciudadanos. El principal cambio que estamos viviendo es la libre locomoción. En Colombia, por ejemplo, la cuarentena ha limitado la libre locomoción y ello ha limitado la actividad comercial. Derivado de esto, las empresas comerciales y de servicios están empezando a sufrir las consecuencias. Por un lado, las compañías dedicadas al comercio han disminuido sustancialmente sus ventas e incluso no venden. Por su parte, las compañías de servicios también han sido afectas por la dinámica de sus clientes. En tal sentido, las empresas, en aras de mantener su negocio en marcha, se han visto en la necesidad de ser creativas con sus finanzas con el propósito de preservar su negocio. Uno de los asuntos de especial cuidado para las empresas es su fuerza laboral. Sin embargo, son muchas las empresas que cuentan con una fuerza laboral que depende de su libre locomoción. Así las cosas, el posible efecto en estas empresas es que limiten su fuerza laboral alimentando una tasa de desempleo que en Colombia ya es de dos dígitos.

Mantener las luces prendidas, me refiero a las empresas, y con ello mantener los empleos, es de vital importancia para la economía. Es por esto que el Estado y particularmente el Poder Ejecutivo ha tomado medidas amparadas en el estado constitucional de excepción. Una de esas medidas es la del Decreto 444. Opinar en detalle de este decreto ameritaría una o varias columnas, por lo que es preciso centrarse en el objetivo del decreto que es la inyección de liquidez a la economía. En este objetivo estoy de acuerdo. Esa inyección de capital es necesaria para que las empresas puedan tener la liquidez suficiente tendiente a mantener el empleo. De esta manera se solucionaría una variable de la ecuación económica, es decir el poder adquisitivo de los ciudadanos. Sin embargo, esa liquidez podría estar limitada al consumo, que por cuenta de esta pandemia ha cambiado de manera radical. Así las cosas, es momento también de pensar en cómo las cadenas de abastecimientos se reinventan de cara a que los ciudadanos en cuarentena puedan acceder de manera sencilla y ágil a los productos y servicios. Creo que esta parte no está prevista en el decreto y sigue siendo la tarea pendiente por pensar y ejecutar no solo en Colombia sino en el mundo.

Es momento también de que el Estado plantee reformas estructurales, no lideradas por el Ejecutivo ni en concordancia con el estado de excepción, sino en un proceso de construcción conjunta. Es momento de preservar la vida, pues sin ella el poder adquisitivo será una quimera y por lo tanto una economía imperfecta. Así las cosas, es labor de todos ser coadyuvantes de preservar la vida. No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, con lo cual una vez pase esta pandemia, estaremos viviendo un nuevo orden económico en el que especialmente se preserve la vida pues sin gente no tendremos economía. Tampoco es momento de criticar, culpar y defenderse, es momento de trabajar en comunión en pro de preservar nuestra humanidad. #MeQuedoEnCasa.

En Twitter: @JnicaV.

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