Ya ha pasado dos semanas desde la presentación de la reforma tributaria “estructural” y muchas cosas han quedado en evidencia del texto. Por una parte, la oportunidad política comienza a hacer sus críticas y espaldarazos. Por otro lado, el ciudadano de a pie queda a la merced de lo que se pueda decidir en el Congreso de la República.
Es evidente que el hueco fiscal generado por la desindustrialización sistemática del país nos lleva a pensar que es necesario una reforma tributaria y que ojalá fuera estructural. Estoy convencido que todos los ciudadanos estamos conscientes de que el país necesita cambios estructurales y no sólo en materia tributaria. Así las cosas, el tratar de torpedear que una reforma tributaria pase o no en el Congreso, sería una mirada miope al futuro del país del Sagrado Corazón.
Teniendo claro que la reforma no tiene vuelta a atrás, estamos quedando entonces a disposición de la astucia y capacidad profunda de análisis de los honorables congresistas. He comentado en columnas anteriores que esta reforma le falta mucho para ser estructural. Una de ellas es que no necesariamente se debe sujetar a las recomendaciones de las OCDE y de quienes interpretaron que esa era una de las recomendaciones “grosso modo” a ser incluidas en el articulado. Esta reforma por el contrario debe incluir un análisis exhaustivo de causas raíces que nos han llevado a este estado y las proposiciones de cambios de manera holística pero integral. Un ejemplo de ello es cómo se va a fiscalizar y a hacer presencia del Estado no sólo frente a la evasión sino a la informalidad y la criminalidad.
Para que existan mecanismos de fiscalización, la DIAN por su parte, debe contar con tecnología de punta. Una tecnología de doble vía, es decir una en la que los ciudadanos podamos tener información en tiempo real y seamos partícipes de los avances en materia de investigación. En la medida que los funcionarios de la DIAN sean objeto de vigilancia por parte de la ciudadanía, seguramente se evitarían actos de corrupción como los que sucedieron y en materia de devoluciones de IVA, por citar un ejemplo.
Otro asunto importante es que se proponga en la Reforma Tributaria, mecanismos de combate frontal contra evasores naturales como: minería ilegal, bandas de micro-tráfico no sólo de drogas ilegales sino de autopartes, comercio informal y contrabando, entre otros. Es plausible la intención del ejecutivo de aumentar la base de los contribuyentes. Es más estoy convencido que todos debemos aportar en el Estado, lo que no es justo para los contribuyentes y la nueva base de contribuyentes es que no exista presencia del Estado para combatir frontalmente esas fuentes de evasión y que además acaba sistemáticamente con la economía de los contribuyentes. Es que si le sumamos el desangre por cuenta de hampa a los ciudadanos de a pie, el costo es incalculable. Peor aún si con la reforma tributaria incluyente como la que se propone, se encarniza con esos ciudadanos, a los que ya desde los últimos años se le ha sumado el efecto de la inflación, el que sigue siendo el impuesto más costoso de los ciudadanos.
Es muy importante en aras de que la reforma tributaria no sea anti-técnica es que se revisen los efectos de la tributación en la inflación. Uno de los causantes de inflación es el incremento generalizado de precios en la canasta familiar. Es por eso que el gravamen a estos productos y/o servicios, genera efectos directos en la inflación y además, des-incentivan la formalidad en donde otro tributo como el GMF es su mayor abanderado. Así las cosas, son los legisladores quienes están llamados a hacer patria. No sólo en materia de reforma tributaria, en la que en lugar de criticarla sea mejor proponer, sino en proponer reformas estructurales basadas en planeación estratégica que realmente acoten problemas de largo plazo.