Son muchas las historias y acontecimientos de los últimos meses y años. Particularmente todos los relacionados con la imagen negativa de la economía. Hacer nuevos negocios y dejar que las compañías fluyan en sus planes de largo plazo se ha convertido en todo un desafío. Pero más allá de ello, si se sigue esperando la medida perfecta de la economía, serán otros los ganadores. Es por eso que en lugar de quedarse en lo tertuliano de lo que pasó y sigue pasando en este año —para muchos de olvidar— es una opción que exacerba el ocio y atemoriza la productividad.
Por supuesto, lo acontecido en materia económica, producto de la inestabilidad o reacomodamiento del mercado en concordancia con variables exógenas (medidas de la FED, precio internacional de commodities entre otros), ha hecho que la economía colombiana esté en un período —mal llamado— de transición. Esa realidad global ha conllevado a una serie de restricciones en materia de inversiones para algunos. Por otro lado están quienes observan las oportunidades que se han generado por cuenta del cambio del orden mundial. Éstos, sin lugar a dudas, son quienes han dejado la pereza de lado y se han dado en la tarea de buscar y seguir buscando nuevos emprendimientos o emprendimientos corporativos en sus negocios.
En el caso colombiano, no nos hemos podido escapar de esa volatilidad global. Es más, nosotros hemos tenido movimientos que también han logrado calar negativamente en nuestra economía. Hasta hace algunos meses vivíamos al borde de una inflación casi que incontrolada. Hoy día la situación ha venido mejorando gracias a las medidas de política monetaria, las que no dejan de ser cortoplacistas, pero necesarias y además por mandato constitucional. Así que por el lado de la inflación no estaría la excusa para dejar de seguir haciendo negocios y seguir con las quejas. Sé que la reforma tributaria no fue la mejor ni la más estructural; sin embargo, ya pasó y mal que bien ya nos estamos reacomodando. Así que ésta tampoco es excusa válida.
El problema estructural de Colombia y de nuestros vecinos latinoamericanos sigue siendo la dependencia de commodities. De esto último estoy más que convencido, pues si dependemos de la exportación del “commodity” negro y si se recibe cada día menos por cuenta de la disminución generalizada del precio internacional, el hueco en el presupuesto es más que evidente. Éste y otros factores, como las recomendaciones de la OCDE, han sido los caballos de batalla de la reforma tributaria con la que tendremos que convivir los colombianos en los próximos años. La pregunta es si el hueco fiscal que se incrementará progresivamente con el coadyuvante del posconflicto se podrá disminuir con una reforma tributaria que realmente sea estructural o con la generación de nuevas alternativas de negocio y por fin adoptar políticas de Estado tendientes a cambiar la nefasta dependencia de bienes primarios.
En el entre tanto, tenemos que seguir apostando por una disminución progresiva de la inflación. Para esto, el Banco de la República debe seguir con su mandato constitucional de manejo de la política monetaria. Las preocupaciones en materia inflacionaria seguirán siendo apuntaladas por el descontrol de la tasa de cambio, la que depende de una nefasta correlación inversa con el precio internacional del petróleo y de otras decisiones como el incremento de la tasa de interés por parte de la FED. Esto último, poco controlable. Lo que sigue preocupando es el monopolio del sector transportista terrestre que en cualquier momento podría poner en jaque a la política monetaria. La solución de fondo en este aspecto debe ser la inversión en una infraestructura multimodal y no como la que se ha pensado: sólo carreteras.
Seguir andando en el escabroso camino de la incertidumbre y la transición a cambios propios de la globalidad o por el contrario buscar alternativas diferentes de negocio u oportunidades que se generan por cuenta de una nueva realidad tanto internacional como local. La apuesta sin duda debería ser por lo segundo. De lo contrario alguien más lo hará y sacará los mejores réditos. Así que manos a la obra, porque es momento de invertir.