El golpe de estado turco, los ataques en Francia, la estabilización de Reino Unido con el Brexit, el paro camionero y otros ingredientes, vislumbran que esta semana estará cargada de expectativas en materia económica.
En la arena internacional la semana pasada estuvo cargada de noticias que desviaron la atención de lo económico. Como suele pasar, cuando ocurren ataques terroristas, la atención se centra, como corresponde, en preservar la tranquilidad de los ciudadanos. Así fue, en Francia y como consecuencia de los atentados terroristas que aún están bajo investigación, las movidas económicas estuvieron expectantes y cautelosas. Se espera que esta semana se retome el rumbo, del que todos esperamos exista una respuesta sensata en contra de la violencia.
Como si fuera poco, el estado turco sufrió un golpe de estado. Muchos dicen que es un intento o un golpe parcial. Lo cierto del caso es que crece la expectativa en materia de estabilidad política de Turquí y por cuenta de ello los colaterales se empezarán a observar esta y las siguientes semanas. Al respecto, la economía turca seguramente sufrirá movimientos significativos, sobre todo de migraciones de capitales extranjeros. Esta noticia si bien no sería buena para ese país, podría generar expectativas en economías emergentes como la colombiana.
Por su parte, el Reino Unido ha retomado el rumbo y sus anuncios en materia de política económica, ha resultado en la estabilización de la libra y con ello una devaluación del dólar estadounidense. Con ello, el mercado está recuperando credibilidad y aunque aún no se estabiliza del todo, se espera que en las próximas semanas tanto los “commodities” como el mercado bursátil internacional se estabilicen y de paso estabilice las economías “commodities-dependientes” como la colombiana.
Con relación al paro camionero, le cabe cualquier tipo de oxímoron, desde la tensa calma hasta la claridad propia de la noche. Lo cierto del caso es que por el bien del país, es necesario que se levante el paro camionero cuanto antes y consecuentemente se re-abastezca el país. La cuenta de cobro de este paro y de los que se vendrán en el futuro sino se toman decisiones de largo plazo como la construcción de un sistema multimodal de transporte (ver columnas anteriores), será un incremento esperado de la inflación.
Así las cosas, las decisiones en materia económica para Colombia estarán llenas de expectativas y de variables exógenas, esas que no se pueden controlar. Con ello estaremos atentos día a día a los comportamientos de los precios internacionales de los “commodities” y de las migraciones de capitales extranjeros establecidos en Turquía y con ellos los movimientos del mercado de capitales. El asunto en cuestión es que cuanto más sigamos dependiendo de variables exógenas y globales, más volatilidades observaremos en nuestra economía local.
Por su parte, la junta directiva del Banco de la República, tendrá más elementos de juicio para tomar decisiones en materia de política monetaria (próximo 29 de julio), las que seguramente se traducirán en una reiterada subida de las tasas de interés. Sin duda, la administración de la política monetaria colombiana se sujeta al mandato de la carta política de nuestro país. En esto el Banco está haciendo su trabajo, a mi gusto de manera acertada. No obstante, la pregunta por resolver es ¿Qué tan contraproducente es el incremento de las tasas de interés para el ciudadano de a pie y las consecuencias para el crecimiento económico? Amanecerá y veremos.