Me mandaron de la editorial el libro 1989, escrito por mi amiga y colega María Elvira Samper. Me lo leí de una y reviví en su prodigiosa prosa y entrevistas una de las peores épocas del país, cuando precisamente yo trabajaba en el gobierno del entonces presidente Virgilio Barco.
El olfato y la experiencia hicieron que María Elvira escribiera sobre el año más violento en la dolorosa historia del país. Qué sagacidad y buen criterio haber escogido el año 1989.
Viví, siendo funcionario del gobierno Barco, los asesinatos cometidos por el sicópata de Pablo Emilio Escobar Gaviria, como él mismo se presentaba siempre. Esa oleada narcoterrorista arrancó en 1984 con el asesinato de Rodrigo Lara y duró más de una década (pavorosa).
Los crímenes no cesaron hasta que Escobar y la gran mayoría de sus sicarios y cómplices de su círculo cercano fueron dados de baja o extraditados a Estados Unidos.
Ciertamente el gobierno del presidente Barco no tuvo en materia de seguridad un solo día bueno. Recuerdo la desazón que nos producía cada uno de los criminales golpes de Escobar. El asesinato de Luis Carlos Galán, del coronel Valdemar Franklin Quintero, de don Guillermo Cano, de cientos de policías por los que Escobar pagaba entre 2.000 y 5.000 dólares, de Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro, los carros bombas en El Espectador, en el DAS, en el barrio Quirigua, en Bulevar Niza, en el centro comercial de la 93, etc.
Recibía de primera mano, en mi calidad de consejero para las comunicaciones, la noticia de esos crímenes.
Recuerdo haber conocido en ese gobierno al joven político pereirano César Gaviria, quien se crecía frente a las adversidades. Gaviria llegó a la Presidencia, no solo como se cree equivocadamente porque Juan Manuel Galán se lo pidió en el sepelio de su padre. Como ministro de Gobierno, en un par de oportunidades, estando el presidente Barco de viaje, Gaviria como delegatario demostró tener la garra para ser presidente. Me acuerdo claramente de su intervención televisada el día que secuestraron a Álvaro Gómez Hurtado en mayo de 1988.
No alcanzaría a escribir en detalle sobre estos hechos y ya María Elvira lo hizo magistralmente. Como resultado de este libro me volví a ver en Netflix El patrón del mal, producida por Caracol Televisión. Reviví minutos muy dolorosos, muy bien dramatizados por la serie. Recordé detalles, lloré con las escenas de los sepelios y maldije una y mil veces más al psicópata Pablo Escobar.
Todos, viejos y jóvenes, deberían leerse el libro de María Elvira: los mayores para recordar y los menores para entender. “Aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla”.
Notícula. Falleció hace diez días mi gran amigo Gabriel de Vega Pinzón, con quien compartí momentos maravillosos, edificantes, divertidos y angustiosos. Batalló en contra de la leucemia que finalmente lo derrotó. Desde joven decía que él era como los cisnes, que se peinaban con las tempestades. Don Gabriel, lo extrañaré y mucho. ¡Descanse, amigo!