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30 años y nada

07 de noviembre de 2015 - 12:59 a. m.

Treinta años han pasado desde que el M-19 se tomó el Palacio de Justicia, con ayuda del narcotráfico.

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Recuerdo todavía esa mañana cuando nos encontrábamos en clase en la Universidad Externado de Colombia. Allí empezamos a escuchar hacia las 11 de la mañana lo que estaba sucediendo apenas a unas pocas cuadras, en la plaza de Bolívar.

Recuerdo que con varios de mis compañeros de clase, con quienes cursábamos quinto año de derecho, buscábamos desesperadamente un radio para enterarnos sobre lo que allí pasaba. Finalmente lo logramos y nos pusimos a escuchar las dramáticas noticias que con lujo de detalles transmitía Yamid Amat. Nos soltaron de la universidad hacia el mediodía y muchos salimos presurosos hacia nuestras casas a conectarnos con lo que estaba sucediendo.

El interés era, fundamentalmente, para conocer sobre la suerte de nuestros maestros de derecho, los profesores Carlos Medellín, Manuel Gaona, Alfonso Reyes Echandía, Ricardo Medina, José Eduardo Gnecco y mi tío político Alfonso Patiño Roselli.

Pasaban las horas y todo cuanto se sabía era confuso. El Gobierno no decía nada, escuchábamos al profesor Reyes en medio de las balas pidiendo que se parara el operativo emprendido por las Fuerzas Militares, la Policía y el DAS. “Es de vida o muerte”.

Los magistrados llamaban a sus familiares para relatarles lo que estaba pasando. Entre ellos Alfonso Patiño, quien llamó a mi tía Cristina Zuleta, su esposa, para decirle que posiblemente no saldría de allí con vida.

Ese 6 de noviembre, el Gobierno ordenó a los medios suspender las transmisiones y a cambio nos clavó un partido de fútbol entre Millonarios y Unión Magdalena, por cuenta de una decisión de la entonces ministra de Comunicaciones.

En las horas de la madrugada del jueves 7 de noviembre, quienes no dormíamos escuchamos los disparos con tanques de guerra en contra del frente del Palacio de Justicia.

Hacia el mediodía de ese día, acabó la retoma del palacio y los familiares de las víctimas empezamos a buscar a nuestros allegados en las brigadas y las clínicas con la esperanza de encontrarlos con vida. Eso no pasó. Pero arrancó la pesadilla de la identificación de los cuerpos. En muchos casos fue imposible, como sucedió con los magistrados Carlos Medellín y Alfonso Patiño. Sus allegados enterramos sus cadenas de oro y unas cenizas.

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Estas son las tristes anécdotas, pero lo cierto es que 30 años después todavía no se sabe qué ocurrió adentro del palacio. Y, lo digo con pesimismo, seguramente no se conocerá.

La única esperanza que les queda a los familiares de los desaparecidos es la investigación que lleva la Fiscalía, y en la que se encuentran 90 cuerpos de personas que estaban en el Palacio de Justicia y que se han recuperado en fosas comunes y brigadas militares. Tal vez algún día se sepa, tal vez no. En lo que a mí respecta, extraño a esos profesores, y en el ejercicio diario de mi oficio como periodista, les agradezco por sus sabias enseñanzas. ¡Gracias!

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