Realmente lamentable lo que sucedió hace una semana en la plaza de toros de Bogotá, en donde los asistentes a la corrida fueron gravemente atacados por algunos malhechores que, aparentemente, se infiltraron entre los protectores de los animales.
He dicho en varias oportunidades que no me gustan los toros, y lo digo con conocimiento de causa porque fui en el pasado a muchas corridas acompañado por mi amigo Germán Jaramillo, una de las personas que más saben de esto en Colombia y aun en España. Dejé de asistir porque acabé convencido de que me impresiona mucho todo lo que tiene que ver con la pica y la muerte del animal. No entiendo bien cuál es la gracia del ver morir el toro ni entiendo por qué quienes saben dicen que es una pelea de igual a igual. En fin, eso se los dejo a los expertos.
No por eso se me ocurriría jamás tocar, insultar, maltratar, putear, agredir a quienes asisten a la plaza de toros. Respeto las minorías y eso es más que suficiente para no hacer en contra de nadie un acto de barbarie como los que se protagonizaron hace ocho días. No desconozco que el Esmad cometió errores y excesos, pero los mismos fueron consecuencia de las brutales agresiones de estos delincuentes, porque lo son así no les parezca.
No me atrevo a afirmar que el exalcalde Petro y el concejal Morris hayan estado detrás de esos desmanes, pero ciertamente su presencia contribuyó a exaltar los ánimos de algunas pichurrias. Como también creo que se equivocó el alcalde Peñalosa al aparecer allí con una camiseta en contra de las corridas. Y este es mi punto: cada vez que los políticos, quienes quieran que ellos sean, se meten en cualquier asunto o tema, las cosas acaban polarizándose irremediablemente, porque en general los políticos son como las enfermedades venéreas, todo lo que tocan queda contaminado.
Más lamentable aún que, por regla general, en Colombia las cosas suelen resolverse a coñazos, a puñal, a bala. No de otra manera se explica el número de muertes al año (más de 12.000) como consecuencia de que solemos resolver nuestras discrepancias literalmente a las patadas.
Este tipo de cosas son las que frecuentemente me ponen a pensar en el futuro del país, pues son tantas y tan seguidas las cosas malas que pasan que en no pocas oportunidades me he referido al país como un país de mierda. En el fondo de mi corazón no siento realmente esto, pues acá nacieron y murieron mis abuelos y padres y acá tendrán que crecer seguramente mi hija y mis nietos.
Volviendo al tema de los toros, ojalá los congresistas o la Corte Constitucional finalmente decidan sobre este tema para que de una vez por todas se acabe con la barbarie que presenciamos, porque para animales los que así se comportaron.
Notícula: Se ha movido eficientemente la Contraloría en el tema del desfalco de Reficar (US$8.016 millones). ¿Qué pasa en la Fiscalía y la Procuraduría? Nada, parece. ¿A quiénes protegen? A exministros, expresidentes de Ecopetrol y grandes vacas sagradas.