Hace muchos años, en una comida en casa del entonces cónsul de España, coincidí con el empresario Carlos Mattos. Recuerdo que este ciudadano se acercó a saludarme y me dijo que siempre había querido conocerme. Yo, que no tenía buenas referencias, le contesté agriamente que en cambio yo no quería conocerlo. Mattos se desconcertó con la respuesta y se retiró.
Hoy el señor Mattos está enredado por unas serias acusaciones que le ha hecho la Fiscalía General. Le han imputado varios delitos: cohecho por dar u ofrecer, utilización ilícita de redes de comunicaciones, acceso abusivo a sistema informático y daño informático.
Mattos y sus abogados dilataron, según la Fiscalía, las audiencias de imputación de cargos. Hoy, por decisión de un juez, será pedido en extradición a España, en donde vive en su condición de ciudadano de ese país. Eso porque ya hay una orden de captura internacional. Sus abogados dicen que no hay garantías. Apenas obvio que lo digan. No conozco, por supuesto, el expediente, por lo que hablo con base en lo que se ha publicado.
Carlos Mattos ha sido por años un consentido de la sociedad colombiana, de la sociedad bogotana. Asistía a cuanta fiesta o coctel se hacía. Muchos se peleaban el “orgullo” de ser sus amigos, de montarse en su avión y de ir a su casa en las islas del Rosario. Pero todos aquellos que lo conocían hablaban mal de él a sus espaldas. Y hoy, como Judas, lo niegan. No se acuerdan de él, nunca rumbearon con él, no usaron su avión y lo acusan de toda clase de conductas indecorosas e impúdicas.
No me corresponde decir si Mattos es o no responsable de los delitos que se le imputan, y hasta tanto no sea condenado, pues se presume inocente. Eso no obsta para decir que Carlos Mattos no es el ciudadano ejemplar del que por tantos años hablaron los medios de comunicación en sus páginas sociales. De hecho, entre algunos de mis colegas periodistas hay varios que son defensores de oficio del empresario. Algunos hasta han arremetido contra el fiscal general por este caso. Inclusive, sus abogados han dicho que sus derechos no se han respetado. Lo cierto es que lo citaron tres veces para imputarle cargos y no compareció.
La pregunta es qué hará el gobierno español cuando el señor Mattos sea pedido en extradición, pues este ciudadano ostenta también la nacionalidad de ese país. Por supuesto que con los millones de pesos que tiene y su influencia, el otrora prestigioso empresario seguramente moverá todas sus fichas para no comparecer ante los jueces colombianos. Ese cuento que echan sus abogados de que se presentó en el Consulado de Colombia es chimbo. Si es inocente, como alegan sus defensores, pues que se presente ante el juez de la causa y se defienda. Eso, claro está, no va a pasar.
Basta decir que el fiscal general, Néstor Humberto Martínez, ha demostrado no amedrentarse con los temas y por eso tiene tantos detractores de oficio. Veremos, pues, en qué acaba este caso del cuestionado Carlos Mattos.