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Castigo al fundamentalismo

31 de octubre de 2015 - 09:00 p. m.

Pasaron finalmente las elecciones y muchas son las lecciones que deberían aprender nuestros dirigentes políticos.

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En Bogotá quedó claro que los ciudadanos sancionamos con nuestra decisión a los malos gobiernos de izquierda de los últimos 12 años. El triunfo de Peñalosa y la votación masiva de Pardo y Pacho lo confirman. Sin embargo, creo que además de las malas administraciones, lo que se castigó fue la división a la que el alcalde saliente Gustavo Petro sometió a la capital durante estos eternos años.

Su permanente interés en fragmentar a los ciudadanos generando esa lucha de clases, acabó finalmente por aburrirnos a todos. Esa segmentación que alimenta con saña le costó el voto de la izquierda a Clara López. Tanto así que ni siquiera zonas como Ciudad Bolívar la favorecieron. Los habitantes de la capital nos aburrimos de oír una y otra vez al alcalde hablando en contra de los ricos y, en teoría, en favor de los pobres. Por supuesto, a dos meses de dejar su mandato, Petro ha recibido críticas de personas de sus propias entrañas, empezando por las que le hiciera esta semana su propio hijo Nicolás.

Él, por supuesto, es totalmente sordo a eso, pues también demostró durante su gobierno que jamás fue capaz de asumir con entereza las observaciones que se le hacían. Siempre le echa la culpa a alguien. A los ricos, a los medios, a sus funcionarios, a quien fuera. Eso, obviamente, acabó por enterrar su proyecto de la tan cacareada Bogotá Humana.

Se va Petro con más pena que gloria. No creo, como quisieran algunos, que su vida política esté terminada, pues como decía alguien, en política no hay muertos. Con todo, se le vienen encima unos años muy tortuosos, pues deberá ocupar su tiempo defendiéndose de toda clase de investigaciones que se le abrirán. Entre otras cosas, porque tendrá que responder por muchas actuaciones cuestionables que tomó y que le han costado al Distrito miles de millones de pesos. Entre estas, la de los subsidios de Transmilenio y la de las basuras. Petro con su arrogancia tendrá en el futuro inmediato momentos muy difíciles. Bien lo dijera el periodista Ramón Jimeno: “Petro le hizo más daño a Bogotá como alcalde que como guerrillero”.

Otro que pagó electoralmente fue el expresidente Álvaro Uribe. Quedó claro que los votantes lo sancionaron muy fuertemente como consecuencia de sus posiciones fundamentalistas. Su conducta permanente de confrontación cansó a los ciudadanos. Los votantes castigaron a los candidatos del Centro Democrático y muy duro.

Uribe lo entendió, pues sabe leer bien a gran parte del país. Tanto así, que esta semana propuso una asamblea constituyente para que haga las reformas sobre lo acordado con las Farc. Cambio de 180 grados. Es inteligente. Petro, por su parte, no entendió y se mantiene en su obcecamiento.

Notícula. Con Enrique Peñalosa hay esperanza de que Bogotá remonte. Como ciudadano no puedo menos que ofrecerle mi apoyo. Por favor, rescate a Bogotá alcalde.

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