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Daño a la institucionalidad

18 de enero de 2014 - 05:00 p. m.

Llevamos varios meses presenciando el grotesco espectáculo del alcalde de Bogotá aferrándose al cargo, utilizando para ello todas las formas de lucha posibles, en lo que seguramente se volvió un experto cuando militaba en el M-19.

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Petro ha ido desde las convocatorias diarias a la Plaza de Bolívar, hasta la utilización de los mecanismos que la ley le concede, aun cuando abusando del derecho. Y no deja de ser inaudito que precisamente el magistrado que le concedió la tutela para que el procurador no pueda ejecutar el fallo tenga a su esposa en la Empresa de Acueducto. Desconozco si el proceso cayó en su despacho por casualidad, pero eso suena paradójico, por decir lo menos. El magistrado no se ha declarado impedido y suspende un fallo que no conocía. ¡Extraño!

Pero digamos que no tengo elementos de juicio para criticar la providencia, pero sí resulta sospechoso que esta decisión vaya en contra de sentencias de la Corte Constitucional. La más reciente, la que se tomó con respecto a la senadora Piedad Córdoba, en la que la Corte ratificó que el procurador sí es competente para investigar y sancionar a los funcionarios públicos elegidos popularmente. Quedan pues decisiones pendientes. La de una sala que decidirá sobre la suspensión provisional del magistrado y, por supuesto, la apelación que deberá ser conocida por el Consejo de Estado.

Pero todo esto es de locos, porque quienes son los responsables de vigilar el cumplimiento de la ley tampoco lo hacen como corresponde. No lo hace el presidente, no lo hacen los jueces, no lo hace absolutamente nadie porque todos, entre ellos Petro, se sienten por encima de las normas. Y Petro sabe que aduciendo razones ideológicas puede abusar del derecho y del estado democrático.

Creo que Petro se desmovilizó del M-19, pero nunca lo hizo mentalmente. Él sigue siendo un hombre de izquierda y ha sabido aprovechar todo esto para explotar al manzanillo que tiene en su corazón. Al final del día creo que esto no le va a salir bien, pues acabará destituido e investigado por otras cosas, entre ellas por hacer política con candidatos en el balcón de la Alcaldía.

El daño que Petro le ha hecho a la institucionalidad será costoso, pues su discurso, aduciendo que está por encima de la ley por haber sido guerrillero, será un antecedente muy malo para cuando tengamos en la política a otros miembros de la guerrilla. Y lo que no acabo de explicarme es por qué Petro pidió que se investigara a Samuel Moreno y celebró vivamente cuando lo suspendieron, pero ahora a él no lo puede investigar ni sancionar el procurador, el mismo por quien él votó y el mismo que suspendió a Samuel Moreno. Lo mínimo es que Petro fuera coherente, pero eso es mucho pedirle pues no lo es, o no al menos desde que llegó a la Alcaldía.

Entre tanto Bogotá sigue en un retroceso acelerado y nada parece detenerlo. Qué tan de malas nuestra ciudad y quienes habitamos en ella. Y mientras tanto Petro ahí.

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