Por supuesto que cada uno de nosotros tiene el derecho a protestar pacíficamente y una de las maneras de hacerlo puede ser a través de la desobediencia civil. Esta conducta, sin embargo, históricamente se ha utilizado en contra de los gobiernos dictatoriales, no en todos los casos por supuesto.
Pues ahora el uribismo anda en eso, liderado por el expresidente Uribe y secundado por sus congresistas y millones de admiradores y apasionados antisantistas.
No voy a caer en la trampa de decir que los que quieren justicia se oponen a la paz. Así me evito los insultos de los uribistas que utilizan el argumento de que ellos sí quieren paz pero sin impunidad.
De lo que se trata con esto de la desobediencia civil, y Uribe lo sabe, es de generarle al Gobierno un caos institucional que, como están las cosas y con la polarización existente, puede acabar en una guerra civil.
Y no es descabellado pensarlo pues, así como somos millones los que apoyamos la paz, otros colombianos dicen que no están dispuestos a ver a los guerrilleros paseándose por las calles como si nada hubiera pasado.
Esta semana oí aterrado a varios uribistas (empresarios, víctimas de la guerrilla) decir que si se firmaba la paz, ellos no perdonarán jamás a los guerrilleros. ¿Eso, en plata blanca, querría decir que los exterminarían como en el pasado ocurrió con la UP? Ojalá que no, pero me temo que sí. Y eso sería el inicio de otra guerra.
Y ese, precisamente ese, es el peligro de convocar a la desobediencia civil, que uno sabe cómo empieza, pero nunca sabe cómo termina.
Peligroso el fuego con el que está jugando el expresidente Uribe, porque en caso de que empiecen a aparecer muertos, de cualquier lado que sean, caerán irremediablemente sobre sus hombros. Olvida el doctor Uribe la tradición de violencia que ha vivido el país por más de 200 años y por eso su posición es una irresponsabilidad para con el país, país que él gobernó y que conoce. Y no estoy diciendo que Uribe ordenaría a nadie a asesinar, lo que sostengo es que él no podrá controlar la violencia una vez arranque.
Tal vez el expresidente y sus seguidores deberían buscar el libro de David Bushnell llamado Haciendo la Colombia moderna. Colombia un país a pesar de sí mismo, en donde se detalla al por menor la histórica tradición violenta de Colombia desde sus inicios.
Como colombiano, que no como opositor al expresidente Uribe, veo con terror lo que se nos puede venir encima. Y esta misma sensación la tienen muchas de las personas sensatas con las que he podido compartir estas inquietudes que hoy planteo y que el expresidente prefiere ignorar.
Queda esperar que, en un acto de sensatez, el expresidente Uribe medite y le pida a su Dios, que es el mismo de los demás colombianos, que lo ilumine y le ayude a despojarse de sus odios para poder pensar, de verdad, en los intereses de la patria, como él dice. O si no, que Dios nos agarre confesados.