Acabó el 2013 y el presidente Santos apareció por los medios de comunicación dando partes de éxito, de prosperidad, de crecimiento económico, de los logros en algunos temas que nos afectan a todos.
Viéndolo pensé que o el primer mandatario está loco o yo estaba sintonizado en el canal que transmite el Festival del Humor.
Y la verdad me pareció casi cínico, porque acababa de llegar a Cali después de un viaje de trece horas por carretera, es decir que me demoré más de Bogotá a Cali que de Bogotá a París. Entonces no entendí por qué tanto jubilo por parte de Santos. Nada dijo tampoco el presidente sobre la fracasada reforma a la salud, sobre los monstruosos atrasos en la construcción de la infraestructura vial, sobre la corrupción agobiante que se ha robado la plata de los colombianos, sobre las primas que les regaló a los parlamentarios. En fin, creo que el presidente está convencido de que maneja un cantón suizo o una provincia de Canadá.
Entiendo que el país ha tenido algunos repuntes en las cifras de crecimiento y de desempleo, pero de ahí a que Santos diga que el 2013 es el mejor año en la historia del país hay mucho trecho.
A eso súmenle los pataleos del alcalde Petro para quedarse en el puesto. Y la verdad, habiendo estado en Cali 10 días, no pude menos que pensar que los bogotanos sí hemos sido muy de malas. Porque Cali ha tenido dos buenos alcaldes seguidos y la ciudad ha cambiando de manera muy impresionante. Las megaobras se hicieron, la movilidad ha mejorado, la ciudad se ve más bonita y ordenada. Y, claro, es inevitable comparar, porque Cali va para adelante y nuestra capital, por cuenta de tres malos alcaldes sucesivos, va de culo para el estanco, con un atraso que nos costará 20 o más años para repuntar.
Sin embargo, el alcalde se la pasa todo el día trinando pendejadas tratando de que la opinión pública lo perdone o le entienda. La verdad, Petro llegó lleno de buenas intenciones, pero no logró concretar nada en lo que lleva de su mandato y me temo que no lo logrará porque el procurador no se va a devolver un su decisión de destituirlo e inhabilitarlo por más pataletas y ayuda internacional que busque. A riesgo de ganarme varios insultos de los petristas, hay que decir que Petro ha sido muy mal alcalde, honesto sí, pero realmente muy malo. Y la ciudad y sus habitantes sentimos eso todos los días. Nuestra calidad de vida se deterioró aún más de lo que ya había pasado con los ladrones del régimen anterior. Y lo peor está por venir, pues quien haya de suceder al alcalde no tendrá mucho tiempo para enderezar tantas y tan variadas malas decisiones. Es decir que lo que se avecina es peor.
La verdad no entiendo en qué país viven nuestros gobernantes, pues mientras Santos anda en las nubes, Petro tiene contacto con la realidad a través de las redes sociales. Mientras tanto todos arrancamos pagando más por la gasolina, por los impuestos, por el transporte, por la salud.
¡Y feliz 2014!