Si bien son más los aspectos que me separan ideológicamente del procurador Alejandro Ordóñez, ciertamente debo reconocer que como funcionario ha sido recto y valeroso, especialmente en lo que tiene que ver con su lucha en contra de la corrupción.
Tampoco me sorprendió que hubiera acatado el fallo de la Corte Constitucional que le ordenó rectificar algunas declaraciones y otras actuaciones administrativas proferidas por su despacho o por sus rectas procuradoras. Puede que a uno no le guste que el procurador anteponga sus creencias religiosas a sus obligaciones constitucionales y legales, pero eso, aparte de ser criticable, no da para descalificarlo como funcionario.
Muchos lo han criticado, no sin razón, por haber nombrado en la Procuraduría a parientes de los magistrados de las altas cortes y de los parlamentarios. Esa desafortunada costumbre no es su invento, aun cuando los colombianos estaríamos más tranquilos si eso no fuera así, por aquello de que la esposa del César no sólo debe ser honesta sino aparentarlo.
Sin embargo, creo que el procurador se equivoca al tratar de reelegirse en una abierta pelea en contra del gobierno que preside Santos, pues presidente mata procurador y eso no es fácilmente cambiable.
A hoy no conocemos el nombre del candidato del Gobierno para la Procuraduría, abogado que seguramente será escogido con la habilidad de jugador de cartas que caracteriza a Santos en casi todas sus movidas. Ese aspirante seguramente tendrá origen en el Congreso y, muy posiblemente, vendrá de allí. A eso hay que agregarle que los parlamentarios no aguantan una llamada del alto gobierno para pedirles que voten en uno o en otro sentido, porque para indignos nuestros congresistas.
Se equivoca también el señor procurador si cree que maneja el Senado porque gracias a sus gestiones logró poner en la Corte Constitucional a un magistrado conservador. Allí lo que pasó fue que los parlamentarios votaron en contra del candidato del Gobierno para hacerle saber que todavía seguían bravos por todos los bochornosos episodios de la frustrada reforma a la justicia. Ese era un hecho aislado que nada tiene que ver la política que hace el Gobierno, poca por lo demás, y el manejo que un gobierno rico puede hacer del Congreso.
Estos días que se avecinan serán realmente interesantes, pues de lado y lado se mueven las fichas. Ordóñez para reelegirse y el Gobierno para pararlo porque ante todo considera que será un palo en la rueda para el proceso con las Farc, en donde el presidente ha puesto el futuro como candidato por un segundo período.
Si esta batalla continúa por ese camino, lo cierto es que Colombia podría tener en los próximos meses a un procurador diferente, lo cual no considero malo del todo, porque Alejandro Ordóñez queda liberado para arrancar de una vez su candidatura presidencial, pero haciéndola de cara al país, sin utilizar para ello el cargo que actualmente ejerce. Eso sería lo realmente transparente.