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Estado indolente

05 de febrero de 2016 - 10:59 p. m.

Hay asuntos de los que pasan en el país que me duelen mucho. Pero tal vez los que más me horrorizan son los que tienen que ver con los niños, con los menores.

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Lo digo porque el tema de la desnutrición y muerte de los niños wayúu en La Guajira o los 37 menores en Chocó, aparentemente intoxicados por mercurio, son realmente alarmantes.

Como es obvio, no se sabe con certeza la cantidad de niños muertos por desnutrición. Líderes de las comunidades indígenas hablan de más de 4.000 en los últimos cinco años. En lo corrido del año se habla ya de siete. El Gobierno dice que murieron por causas distintas a la desnutrición. Y así, mientras esos niños acaban convertidos en frías estadísticas, se siguen muriendo, aun cuando el Gobierno sostenga lo contrario.

No suelo acudir al expediente de la demagogia barata, pero me cuesta trabajo entender que el Gobierno esté haciendo todo para entrar a la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) mientras acá se mueren muchos niños, literalmente, de hambre. Pertenecer a la OCDE es como ser socio del club de los países ricos. Entonces, que alguien me explique cómo ser “país rico” mientras los niños se siguen muriendo de desnutrición.

El Estado, y eso incluye a todos los gobiernos sin excepción, ha sido indolente, y mucho. Indolente frente al Chocó y La Guajira, por sólo mencionar un par de casos. Desde Bogotá se dice que el problema es que allá se roban todo lo que se les manda. Y por supuesto, por cuenta de eso, los sucesivos gobiernos han ido dejando a los habitantes de esos departamentos al vaivén de la corrupción.

No sé a ustedes, pero a mí me hierve la sangre de sólo pensar que se muera un niño, ni qué hablar de lo que siento cuando veo que son más, porque un solo niño muerto por negligencia del Estado, son muchos niños muertos.

El país no puede seguir enredándose en asunticos politiqueros mientras se mueren los niños, dijo esta semana el presidente de la Andi, Bruce Mac Master. Y tiene todo la razón.

Es más, sin querer ser despectivo ni ofensivo, esta semana vimos al viceministro de Salud y a una subdirectora del ICBF refutando las cifras de desnutrición. Y pensé que estos funcionarios, competentes seguramente, son subalternos de quienes deberán poner la cara, empezando por el propio presidente Santos.

Resulta ineludible tener que hacer comparaciones que parecen populistas. Pero no puedo dejar de pensar que un proyecto como Reficar haya tenido “sobrecostos” de US$4.000 millones, mientras se siguen muriendo niños por desnutrición.

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Cuando el presidente en un trino le pidió al general Palomino encontrar a los asesinos del oso y éste le respondió que ya estaban en eso, me dio mucha rabia, porque no le he visto un trino igual pidiéndole al fiscal que encuentre y meta presos a los responsables de que los niños se mueran de desnutrición.

El mundo al revés, apenas para un Estado indolente como el colombiano, en donde un oso vale más que un niño. Hasta recompensa hubo.

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