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Gracias, presidente Santos

30 de junio de 2018 - 09:00 p. m.

No voté por Santos para su primer gobierno, fundamentalmente porque contaba con el apoyo de su antecesor Álvaro Uribe Vélez, gobiernos de los cuales fui un ácido crítico.

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Frente al tema de la paz y los acuerdos con las Farc, voté por Santos para su reelección, pues a pesar de tener algunas reservas, siempre creí, y creo aún, que el país no podía seguir en esa guerra de medio siglo. Y hoy por hoy no me arrepiento de haber apoyado esa iniciativa de Santos pues, a pesar de lo que digan sus detractores, hoy Colombia es un país radicalmente diferente.

Desde la óptica de un periodista que duró más de 20 años informando sobre las atrocidades de las Farc, lo cierto es que vivimos, sin lugar a dudas, en un mejor país. A diario nos levantábamos a relatar todo tipo de crímenes atroces y no atroces. Las bombas, los asesinatos, los secuestros…

Muchos de los detractores del presidente Santos me insultarán y me llamarán enmermelado. Eso, por supuesto, no me importa. Los uribistas me insultarán y amenazarán. Se la pasan en eso, pues miles de ellos son el reflejo de Uribe y de los josé obdulios gavirias.

Lo cierto es que gracias a la tenacidad de Santos en el tema de la paz mi joven hija podrá vivir en un país mejor del que he vivido yo a mis casi 60 años.

Por supuesto que los uribistas siguen diciendo que Santos le entregó el país a la guerrilla, sabiendo que eso no es cierto. Pero, claro, olvidan ellos que Uribe durante sus dos gobiernos y su tenebrosa política de la seguridad democrática no fue capaz de acabar con la guerrilla.

Me cuesta mucho trabajo entender que sea tal la mezquindad de algunos que hubieran preferido seguir en un país en guerra con tal de no ver al presidente Santos dejando atrás a 7.000 guerrilleros desmovilizados y desarmados. Muchos de ellos prohíjan la guerra, porque no fueron ellos los que pusieron los muertos en ese sangriento conflicto.

Hoy por hoy, todavía no entiendo cómo le preguntan a un país si quiere la paz o la guerra y vota favorablemente por esta última. Parecería que desarrollamos el síndrome de Estocolmo, pero con la sangre de los 200.000 colombianos asesinados.

No se equivoque usted, amable y paciente lector: el país está enfermo y eso es lo que encuentra el presidente electo Iván Duque, quien ha tratado de llamar a la paz política; lo cual no podrá hacer, pues ese no es el talante de Uribe ni de los congresistas de la bancada del Centro Democrático. ¿Acaso alguno tiene duda de la manera de legislar, por solo mencionar un caso, de la senadora Valencia?

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Para no contaminar más esta columna, nuevamente quiero agradecerle infinitamente al presidente Santos por lo que ha hecho en el tema de la paz. Gracias, de todo corazón, porque serán las futuras generaciones de colombianos las que sabrán de las Farc, pero en los libros de historia.

Notícula. Insisto en que Duque debe sacudirse de quienes en el pasado gobernaron con Uribe, sembrando terror en contra de los opositores del gobierno del expresidente.

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