HACE UN PAR DE DÍAS, UNOS AMIGOS empresarios, emprendedores y uribistas, me relataban que en su círculo cercano comentaban a menudo y con tristeza cómo los había decepcionado el último mandato del presidente Álvaro Uribe.
“Es increíble, dijo uno, que habiendo sido el presidente que nos permitió volver al campo, a nuestros negocios, haya permitido tantos escándalos durante su gobierno”.
Inevitablemente en nuestra conversación caímos en el tema de la inseguridad en las ciudades, específicamente en Bogotá. De los ocho que estábamos en esa reunión no hubo uno solo, ni uno, que no relatara cómo en los últimos tres meses alguien cercano al círculo de amigos y familiares había sido atracado, lesionado y agredido para robarle el celular, romperle el vidrio del carro, en fin.
Durante el gobierno pasado la inseguridad en las ciudades se volvió inversamente proporcional a la de los campos. Entre más seguras se volvieron las zonas rurales del país, más inseguras las ciudades. No recuerdo haber visto en Bogotá una inseguridad tan disparada. Ese fenómeno por supuesto tiene que ver con los altos índices de desempleo y con la formación de las llamadas Bandas Criminales (Bacrim).
Precisamente sobre este tema algunos periodistas tuvimos un conversatorio con el ministro de Defensa, Rodrigo Rivera, los altos mandos y el director de la Policía Nacional, general Óscar Naranjo. La intervención de Naranjo, magistral, impecable, coherente y bien sustentada, me hizo recordar mis clases de criminología de la Facultad de Derecho. Pero por supuesto, las estadísticas que soltó lo dejan a uno perplejo. Por ejemplo, contó que el 47% de los asesinatos en este país son producto de sicarios. Es decir, más de 8.000 mil al año. Sostuvo con razón el general Naranjo, que si el Estado no logra acabar con las Bacrim en el corto tiempo, podría verse enfrentado a una situación de total desventaja. Y eso, dicho por Naranjo, puede resultar en una premonición inevitable y por lo demás aterradora.
Sin dudas en Bogotá hemos visto en los últimos días mas presencia de la Policía Nacional. Y eso tranquiliza. Pero esa es una solución transitoria que si bien útil, no corrige el problema de fondo. Y me preocupa como ciudadano que el general pueda estar pensando en retirarse en cuatro meses, como me lo comentara una fuente confiable.
Entiendo que Naranjo esté cansado después de 35 años de servirle al país. Pero estoy convencido de que no hay otro colombiano que sepa más de seguridad y criminalidad que él. Desde ya le pedimos al presidente Juan Manuel Santos que no le acepte la renuncia a Óscar Naranjo, por el bien del país, Bogotá y la seguridad de todos los ciudadanos. Esta guerra apenas comienza y de corazón quiero creer que el general seguirá prestándoles sus servicios al país y a sus conciudadanos.
Notícula:
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