SEGURAMENTE LOS COLOMBIANOS nos pasamos tanto tiempo oyendo tantas y tan extrañas, confusas y violentas noticias que no nos estamos dando cuenta de un tema específico que nos afectará a todos por igual. Sí, a todos sin importar a cuál clase pertenezcamos, económicamente hablando. Clase baja, media o alta.
Me refiero específicamente al tema de los impuestos, las tasas y las contribuciones. No hay un día, y hagan la prueba, en que no nos levantemos con la noticia del incremento en alguna tarifa.
Se viene la reforma tributaria que, por supuesto, si el Congreso fuera responsable no debería aprobar como la presentará el Gobierno, es decir, siguiendo los lineamientos de la comisión de expertos que recomendó subir e imponer nuevos impuestos para todo lo absolutamente posible e imaginable. Pero claro, hay que decirlo, no existe ningún antecedente en el que los congresistas se hayan negado a aprobar las tributarias, pues es allí en donde los gobiernos, todos, sin excepción, reparten la mermelada.
Los colombianos pagamos muchos impuestos, apenas comparables con los que pagan, en porcentajes, los gringos o los canadienses. Personalmente, y no me da pena confesarlo, me da mucha piedra pagar impuestos. Lo hago porque toca, pero me duele cada peso que le giro al fisco. Esa sensación la compartimos todos. Y más piedra nos da porque Colombia sigue apareciendo en los índices de Transparencia Internacional como uno de los países más corruptos del mundo. Es decir, que un altísimo porcentaje de lo que pagamos se lo roban. Le asistía toda la razón el expresidente Turbay cuando sostuvo en su momento que en Colombia se debería reducir la corrupción a sus justas proporciones. Eso no se hizo y vean lo que tenemos por Estado: una cleptocracia. Es decir, un Estado dominado por los ladrones.
Eso sí, para cobrarnos los impuestos el Estado es eficiente, pero cuando se trata de hacer valer nuestros derechos, para no mencionar cuando debemos hacer alguna gestión frente al Estado, aparece éste con su cara de ladrón mostrándonos que está ahí para jodernos y hacernos la vida imposible. Es decir, nos muestra también su cara de enemigo. Sí, el Estado ladrón y enemigo.
Y ese tema de los impuestos sí que se ha puesto de moda entre los alcaldes, o al menos a Peñalosa le encantan. En dos semanas nos ha anunciado cobros por alumbrado, aumento en el cobro de basuras, nuevos cobros por valorización, entre otros. Todos supuestamente tienen una justificación. El arreglo de parques, de vías, etcétera. Y entonces lo que pagamos en rodamiento y predial, entre otros, no alcanza.
Claro, ¿cómo va a alcanzar si los gobiernos anteriores se robaron o dilapidaron la plata? (Pues no todos los que deberían estar pesos lo están).
Pero eso no es culpa de quienes robaron, sino de quienes pagamos nuestros impuestos a tiempo. Los ladrones trinan y opinan felices como si no fuera con ellos y los ciudadanos pagamos por todas sus cagadas. Qué hartera este Estado ladrón, qué hartera.