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La discriminación entre gais

29 de noviembre de 2014 - 10:00 p. m.

Eso de pertenecer a la comunidad LGBTI ni es fácil ni es divertido, mucho menos en una sociedad como la nuestra, que tiene una marcada influencia de la iglesia católica, y una dosis de machismo llevado a tal extremo que los “varones” colombianos se sienten con derecho a maltratar a las mujeres y a los miembros de la comunidad, sin siquiera medir las consecuencias penales que sus censurables actos les puedan acarrear.

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Ante tantos años de trasegar entre gais, sin que sea uno de sus activistas porque me aburre profundamente el tema, no deja de alarmarme que todavía los miembros de la comunidad no contemos con los mismos derechos de los heterosexuales y que, por el contrario, imploremos por ellos como si fuéramos, como efectivamente lo somos frente a la ley, ciudadanos de segunda clase.

Eso lo demuestra claramente el hecho de que los congresistas no han querido legislar sobre el asunto, como si los miembros de la comunidad no perteneciéramos al país del sagrado corazón. Los pocos derechos que la comunidad tiene, los ha obtenido mediante tutelas y pronunciamientos de la Corte Constitucional, la que puede devolverse a través de sentencias posteriores.

Pero claro, eso a algunos magistrados y parlamentarios no les importa porque se niegan a ver la realidad de aproximadamente cuatro millones de ciudadanos. Como tampoco la ven algunos padres de familia que se aterran porque sus hijos e hijas son homosexuales o lesbianas o cualquier otro género que hace parte de la comunidad.

Conozco gran cantidad de homosexuales casados pretendiendo que sus vidas transcurren felizmente. Eso sí, prefieren tener sus amantes furtivos para que les satisfagan en la intimidad sus apetitos sexuales. Porque entre más homofóbicos, más gais. Pero se mueren del pánico de salir del clóset, como se dice popularmente, cuando uno reconoce abiertamente sus preferencias sexuales.

No voy a sitios gais porque me aburren profundamente y además me muero de la tristeza de ver a muchos ofreciéndose por dinero, como pasa también en los sitios frecuentados por los homosexuales. Confieso que he encontrado en algunos de los gais que conozco unas conductas que caracterizan a muchísimos de ellos. Y es que son manipuladores, ventajosos y mentirosos, lo que los hace poco confiables. Muchos de esos gais actúan con su instinto femenino permanentemente en alerta y suelen utilizar los peores mecanismos de defensa de los hombres. ¡Qué peligro y qué jartera!

Esto se lo atribuyo, entre otros, al hecho de que han aprendido a defenderse de las agresiones que reciben en sus propias casas y en el medio en el cual se mueven. No por ello justifico que sean así, pues eso inclusive los ha llevado a discriminarse entre ellos mismos, cuando se refieren a los otros como la loca esa, término detestable, por demás.

Si queremos más derechos empecemos por respetar los derechos de la comunidad LGBTI. De lo contrario, como se dice popularmente, a comer callados. Y después no se quejen.

 

 

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