Una gran mayoría de colombianos entraron esta semana en el debate de las empanadas, como consecuencia de una multa impuesta a un ciudadano por comprar una empanada y la persecución por parte de la Policía a los vendedores callejeros, a causa de una indebida aplicación del cuestionado Código de Policía.
Es claro que no entraré en este tema, como no sea para criticar a quienes se metieron en semejante estupidez con tanta vehemencia e indignación. La pérdida de sindéresis en el país no tiene límites. Ha de estar demente una nación que censura más la multa de la empanada que hablar y protestar en contra, por ejemplo, del asesinato de 47 policías en lo que va corrido del año. Tampoco los he visto protestando por los abusos sexuales contra los menores, que el año pasado, según Medicina Legal, superaron los 20.000. Ojalá en vez de protestar por la empanada se tomaran un tiempo para mirar cuántos niños se mueren al año por desnutrición. Tal vez los empanadólogos no se han dado cuenta de los atentados en contra del oleoducto Caño Limón-Coveñas, que han generado daños ambientales irreparables. Pero no, para ellos el tema es si la empanada se come o no con ají. Culmen de la estupidez y este.
Pero, claro está, insisto, por cuenta y riesgo de las redes, el tema “importante” es la multa y la venta de empanadas.
Eso, podríamos pensar, son las noticias del posconflicto. Antes y por décadas nos levantábamos a diario con noticias sobre la guerra. Hoy el tema central son las empanadas. No sé, confieso, si eso es bueno o malo, pero ciertamente la estupidez no tiene límites y la prueba de eso es lo que ha pasado. La semana pasada fue el vestido de la primera dama durante su visita a la Casa Blanca, esta semana la empanada y la siguiente será otra bobería parecida.
Realmente algunos han perdido completamente la lógica y las prioridades. Y, siendo cansón y repetitivo, cada vez me ratifico en que Twitter es una cloaca que le hace mucho daño a la sociedad.
Los tuiteros profesionales han entrado en tal grado de estupidez que empiezo a sentir lástima por ellos. Y al que le caiga el guante que se lo aguante. Como diría Suso el Paspi: el que entendió, entendió.
Seguramente como todos los graves problemas del país ya están solucionados, entonces lo mejor es hablar pendejadas o destrozar a las personas en las redes. Ese se volvió el deporte nacional en la redes. Qué vergüenza, pero bueno, es lo que hay.
Notícula. Aparecieron los permanentes enemigos del proceso de paz para pedirle al presidente que no sancione la ley estatutaria de la JEP, ya avalada por la Corte Constitucional. No lo digo por el fiscal, que ha advertido sobre cuatro artículos y con razón. Lo digo por el senador Uribe y su séquito de congresistas, por los guerreristas y, claro está, por los oportunistas. Creo en la sensatez del presidente de la república, Iván Duque, quien, no lo dudo, tomará la mejor decisión para los intereses del país.