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Las promesas de Petro

05 de noviembre de 2011 - 08:00 p. m.

Me ha parecido que la corta gestión de Clara López como alcaldesa encargada de Bogotá ha sido seria, eficiente y rigurosa.

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Y eso se nota a diario, pues no hay asunto en el que no aparezca. Ya había dicho que era una lástima que López no pudiera seguir como alcaldesa. Pero así no funciona el sistema, por lo que quien ha de sucederla es Gustavo Petro, triunfador de las elecciones de hace una semana. No voté por él. Creo que le va a quedar muy de para arriba cumplir muchas de las promesas populistas que hizo. Pero al final no pasará nada, porque cualquier cosa que haga será bien vista, en contraposición a lo que pasó con la ciudad en los últimos cuatro años. Recogerá lo que cosechó Samuel en materia de obras, que no por demoradas y por obedecer a conductas criminales algunas de ellas, al final dejarán de construirse. Entre ellas, por supuesto, la inauguración del Transmilenio por la 26 y por la 10ª.

El margen de maniobrabilidad de Petro para cometer errores es muy poco, pues encuentra una Bogotá plagada de ciudadanos con los nervios de punta, irascibles, furiosos porque nada funciona bien, en fin, ni para qué seguir.

Algunos de los nombres que han sonado para el gabinete son desconocidos para la opinión pública. Eso no importaría, pues muchos de ellos tienen unas hojas de vida académicas importantes. Preocupa sí que la mayoría no tiene ninguna experiencia en cargos administrativos-directivos en el sector público. Y eso es grave, pues un alcalde con cero experiencia administrativa no puede rodearse de genios que no hayan ocupado puestos burocráticos. Ahí puede tener Petro un gran problema en el corto plazo, pues algunas de las decisiones que —ha dicho— tomará en seis meses no serán posibles. Nadie aprende cómo funciona, o no, una entidad del Distrito en tan poco tiempo.

Por lo demás, les generó a sus electores unas expectativas inmensas que no se verán sino al cabo de su mandato. ¡Y eso! Por ejemplo, lo de hacer una herradura en el metro para que acabe en Suba. Les apuesto a que Petro acaba su gobierno y Bogotá seguirá sin metro, la movilidad continuará siendo caótica, el pico y placa no se va a poder desmontar, ni siquiera gradualmente como él sostiene, y de las autopistas urbanas sólo tendremos los estudios técnicos, como tenemos más de diez sobre el metro de Bogotá. Dijo Petro que piensa descontaminar el río Bogotá. Lo conmino desde ya a que se meta a nadar al mismo el 31 de diciembre de 2015, último día de su mandato. Por supuesto que soy pesimista, pero no porque se trate de Petro en sí, sino porque para hacer todas esas maravillas necesitamos tres alcaldes sucesivos buenos que continúen las obras, como ya pasó en el pasado. Como bogotano sólo aspiro a que no se sigan robando la plata y a que culminen las obras pendientes. Y espero que Petro, al menos, cumpla esas dos promesas.

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Notícula: Qué tal el personero de Bogotá, Francisco Rojas Birry, tratándose de reelegir. ¿Tendrá algo de vergüenza? No parece.

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