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Los 3, 4, 5 o 6 chiflados

23 de mayo de 2015 - 09:00 p. m.

Entiendo las múltiples ocupaciones del presidente Santos, pero realmente lo que ha pasado en las últimas semanas con los altos funcionarios del gobierno le da a uno la sensación de que todos, absolutamente todos, están chiflados.

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Se enfrentan el vicepresidente con el ministro de Hacienda, los ministros entre ellos y, la tapa, lo ocurrido con el ministro de la Presidencia que de un momento a otro sacó del sombrero una propuesta para entregarles a los magistrados de las altas cortes el manejo del presupuesto de la Rama Jurisdiccional, sin que sus colegas del Interior y de Justicia se enteraran.

Le tocó al presidente jalarles las orejas y llamarlos al orden. Eso, por supuesto, da la sensación de que el piloto, es decir el presidente, anda en otros asuntos, mientras los pasajeros andan de guachafita dentro del avión.

Esas cosas no deberían pasar, pues los ciudadanos inmediatamente relacionamos al gabinete con los tres chiflados. Con la diferencia, claro está, que lo que está en juego es el país y su futuro. Y son tantos los enredos que arman que sin duda entre los ministros pareciera que hay más de tres chiflados.

No soy nadie para darle consejos al primer mandatario de la Nación, entre otras cosas porque los presidentes, en algún momento de sus mandatos, no oyen a nadie y se abstraen. Y eso es precisamente lo que le está pasando a Santos que, reformó la Presidencia para poderse ocupar de otros asuntos macro, como la paz, y acabó enredado entre la parafernalia de burócratas que, al final, no le están haciendo ningún favor y, más bien, lo están embrollando. Realmente sorprende que personas serias y bien preparadas, como los ministros, estén brindando estos espectáculos circenses que dan la impresión a los colombianos de que el avión va sin rumbo y sin piloto.

Entiendo que el presidente esté obsesionado con el tema de la paz y que le dedique la mayor parte del tiempo a eso. Sin lugar a dudas para eso le dimos el mandato. Pero siendo Colombia un país tan complejo y teniendo un régimen presidencial tan fuerte, mal hace el presidente en no coordinar con sus ministros los demás asuntos que importan a los colombianos, pues la paz no es, per se, el único asunto que nos involucra a todos.

Lo mínimo que uno les puede pedir a los ministros es sensatez, cordura, tacto y, por supuesto, buen juicio en sus decisiones. Si así lo hicieran, entonces el presidente no tendría que estar apagando los incendios que le están generando su vicepresidente y sus ministros.

Esperemos que en lo sucesivo los colombianos no tengamos que seguir presenciando estos exabruptos y que los altos funcionarios entiendan que sus conductas le hacen mucho daño a la institucionalidad, como si esta no estuviera bastante deteriorada con todo lo que está pasando en las altas cortes.

Mientras el presidente de la República siga padeciendo el síndrome de los pilotos en su cabina y los pasajeros sigan armando sus recochas, el avión seguirá al garete.

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