Difícil resulta seguirle apostando a las Farc después de ver los actos de barbarie cometidos en contra de la población civil en las últimas dos semanas, afectando a más de millón y medio de ciudadanos.
Aterradores igualmente los daños al medio ambiente que, no solo serán irremediables, sino además con un costo monstruoso para las futuras generaciones de colombianos.
No entiendo a las Farc, pues deberían pensar, lo que parece no hacen por burros (como los calificó el ministro de Defensa), pues deberían entender que entre más crímenes cometan, más lejos está la posibilidad de que los colombianos aprueben los eventuales acuerdos a los que se llegue en La Habana. Todo lo que hacen demuestra ausencia de voluntad de las Farc, pues a pesar de que dicen una cosa, actúan de otra totalmente diferente.
Lamentable resulta que por cuenta de este proceso el país vuelva a las épocas del 2000, cuando Colombia se sentía secuestrada y asediada por la guerrilla. Y por eso el triunfo y la popularidad del entonces presidente: Álvaro Uribe.
Jamás pensé que fuera a decir que hay días que extraño al gobierno de Uribe, solo a veces y por fortuna se me pasan rápido. Santos es un demócrata convencido pero por lo mismo debe pensar que quienes votamos por él lo hicimos por la paz, pero nunca por recrudecimiento de la violencia a la que nos tienen sometidos estos criminales. Si se acordó negociar en medio del conflicto, pues entonces no se ha debido buscar ese desescalamiento del conflicto que se inició el pasado diciembre, pues es claro que, como lo hicieron en el Caguán, la guerrilla aprovechó ese lapso para reorganizarse. Criminal es criminal.
No quiero aparecer pesimista, pero los hechos no permiten por ahora pensar que el proceso de paz culminará felizmente. Y eso me acongoja pues desde que nací hace 55 años no recuerdo haber vivido muchos días en paz.
Preocupa también lo que pueda pasar con la economía del país, pues a pesar del optimismo del ministro de Hacienda, los empresarios y los inversionistas con los que uno habla están realmente muy pesimistas. ¿Quién, me preguntaba en estos días un chileno, querría invertir en un país en donde la infraestructura es destrozada por la guerrilla, y en donde las reglas no son claras en asuntos tan importantes como las normas tributarias? No pude decirle nada, pues desafortunadamente tiene la razón.
En fin, difícil seguir apostándole al proceso, pero peor aun jugarle a una guerra que en el pasado tampoco se pudo ganar a punta de bala, como lo trató de hacer el presidente Uribe. Les juro que quiero ser optimista, y trataré de continuar siéndolo. ¿Qué sigue?
Solo espero ansiosamente poder vivir en un país paz.
Notícula: Evacuada la reforma del equilibrio de poderes, que no soluciona los problemas de fondo de la justicia que afecta a millones de colombianos, me temo que esta es de mucho ruido y pocas nueces. Vislumbro que se va a caer cuando la revise la Corte Constitucional.