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Odiar y criticar

16 de enero de 2016 - 09:02 p. m.

Muchas veces me cuesta entender la idiosincrasia de algunos compatriotas que tienen la detestable manía de criticar todo, absolutamente todo.

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Simplemente se van contagiando de otras personas o de lo que algunos piensan en las redes sociales, y se dedican a despotricar sobre los divino y lo humano. Criticar no es malo per se, pero la crítica destructiva, agresiva y sin fundamento, pues, al menos en lo que a mí respecta, es muy, pero muy aburridora.

Casos para mencionar hay muchos, pero solo quiero indicar dos para demostrar que muchos colombianos critican con odio porque han hecho de eso su modo de vida. Casos como el de Íngrid Betancourt, que estuvo secuestrada más de seis años por la guerrilla y quien —con el Derecho de su lado— pidió una indemnización al Estado. Pues la destrozaron: le dijeron desde prostituta hasta ladrona, y pocos entendieron no solo que la ley le da ese derecho, como a cualquier otra víctima, sino que además fue ella la que estuvo privada de su libertad existiendo en las peores condiciones en las que pueda apenas sobrevivir un ser humano. Trinar y destruir es fácil desde el confort de la casa o la oficina, entre otras cosas porque muchos de quienes lo hacen son anónimos que no tienen nada que perder y creen ellos que mucho por ganar. Se equivocan, porque en las redes ya somos millones los que no los seguimos o simplemente bloqueamos a los líderes de los malos presagios o a los detractores de oficio.

Otro caso bien particular tiene que ver con lo que ha pasado en Bogotá con el recién posesionado alcalde Enrique Peñalosa. Lleva escasamente 15 días desde que asumió las riendas del distrito. Encontró una ciudad destrozada, atrasada, sucia. En fin. Hasta ahora ha tomado pocas medidas, pero las que ya tomó son importantes. Ordenó un recorte presupuestal en gastos de funcionamiento cercano a los tres billones de pesos, para destinar esos recursos a asuntos de interés social. Eso dista mucho de lo que había pasado en las administraciones anteriores. Las Secretarías de Gobierno y de Medio Ambiente empezaron a ponerles multas a las empresas que empapelan las paredes para anunciar sus productos y sus actividades, como por ejemplo conciertos. Ya se ven algunas paredes, que tenían grafitis (que no los que son arte) totalmente limpias. Detuvo la licitación del Transmilenio por la avenida Boyacá porque encontró inconsistencias en lo que se había hecho en el Gobierno anterior. Se ven más policías y los partes a los mal parqueados se han multiplicado. Mucho para tan poco tiempo. Pero claro, sus detractores, muchos de ellos sin ninguna experiencia administrativa, ya lo critican. Y otros, que ya pasaron por la administración y que no hicieron lo que debían haber hecho, critican aún más. ¡Ladinos que son!

El horrible oficio nacional de odiar va de la mano del de criticar y hacerlo en forma negativa y destructiva. Y tal vez por eso es que muchos no creen en nada ni en nadie, pero tampoco aportan ninguna solución.

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