Sin lugar a dudas el movimiento estudiantil, como mecanismo de protesta social, constituye una prueba ejemplar para un gobierno que se ha declarado tolerante y respetuoso de las garantías constitucionales, permitiendo esta clase de movimientos sin represiones o uso indebido de la fuerza.
Los estudiantes, por su parte, también han dado muestras de civismo, pues no porque algunos pocos hayan cometido desmanes, se puede decir que son unos revoltosos. Los besatones, abrazotones y demás dejan ver que estos jóvenes de verdad quieren exigir unos derechos sin violencia. Desde hace más de 30 años el país no advertía esta clase de protestas populares y de verdad que, aun cuando algunos piensen lo contrario, este tipo de movimientos fortalecen la democracia.
Sin embargo, veo con preocupación que algunos políticos traten ahora de tomarse la bandera de un movimiento que exigía al principio que se retirara el proyecto de la ley de educación, pero que desde el jueves hablan de regalías, inversiones extranjeras y otros temas políticos.
Que propongan una agenda con argumentos nuevos me parece bueno, siempre y cuando sean ellos quienes actúen de frente al Gobierno y al país como lo han hecho. Pero donde dejen meter a los políticos perderán el apoyo de la opinión pública que, hasta ahora, los ha visto con simpatía. Este movimiento no puede limitarse sólo a la reforma en la educación, pues a ellos, como a millones de colombianos inconformes, les afectan muchas cuestiones que podrían dialogarse con el Gobierno.
Así arrancó la séptima papeleta que concluyó con la reforma constitucional de 1991. Pero además coincido con Ricardo Silva —columnista de El Tiempo— cuando dice: “¿Quiere darles un verdadero golpe a las Farc, señor Presidente?: entonces siéntese a armar con los estudiantes, de igual a igual, un país en el que los padres gradúen a sus hijos en vez de enterrarlos”.
Ya que el presidente Santos ha demostrado su talante liberal en temas tan importantes para conducir al país por el camino de la paz, como la devolución de tierras a los desplazados y la reparación de víctimas, bien podría sentarse con los estudiantes, los sindicatos, los maestros, en fin, lo que llaman las fuerzas vivas, para buscar consensos en temas como la salud y la educación, entre otros.
Qué bueno y refrescante resulta que al fin alguien se levante a protestar, pues nos la pasamos oyendo que acá pasan muchas cosas, pero que nadie dice nada. Pues ahí tenemos a estos jóvenes estudiantes.
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Notícula: Así como en el pasado he criticado al actual ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, hoy debo decir que se anotó un éxito invaluable con la operación en la que cayó Cano. El trabajo de las FF.MM., de la Policía y la Fiscalía fue impecable. ¿Será que los de las Farc no entenderán que van a acabar muertos como ratas? Además, ¡qué bueno que el país entienda que el expresidente Álvaro Uribe sí es reemplazable!
Twitter @fzuletalleras.