Demenciales, por decir lo menos, resultan las declaraciones y conductas del excomisionado de Paz Luis Carlos Restrepo y del exasesor José Obdulio Gaviria quienes, en sus recientes apariciones, hablan de asuntos como sus conversaciones telepáticas, la “organización” seguridad democrática, una asamblea constituyente y otras necedades.
La viudez del poder los tiene peligrosamente paranoicos, a tal punto que entre ellos ya se tratan de comandantes y el psiquiatra Restrepo escribiendo documentos desde la clandestinidad, al mejor estilo de Timochenko.
Llama mucho la atención que hablen de la “organización”, pues los colombianos conocemos organizaciones legales y empresariales y las criminales como la que en su momento tuvo el primo de Gaviria, Pablo Escobar. Ese lenguaje mafioso y amenazante pone de manifiesto una vez más que su ideario político está sustentado en principios al mejor estilo de las organizaciones criminales que durante tanto tiempo hemos padecido y combatido los colombianos.
Pero además debemos creer que sus palabras están llenas de veladas amenazas que no pretenden nada distinto que desestabilizar al Gobierno y a las autoridades de control. Y eso es lo que los convierte en altamente peligrosos, pues quienes en el pasado hablaban de la patria y de la institucionalidad, hoy llaman veladamente a dar un golpe de Estado para instalarse en el poder, así sea por el camino de la ilegalidad.
Por eso resulta insólito ver que hoy estos ciudadanos andan ideológicamente identificados con los ilegales como las Farc y los paramilitares, demostrando el principio según el cual los polos opuestos se atraen.
Pero este parece ser el inicio de una locura que seguramente se irá incrementando en la medida en que se vayan sabiendo más cosas de boca de los comandantes paramilitares extraditados, delincuentes que precisamente llegaron al turbio proceso de desmovilización conducido por Restrepo, quien permitió que un grupo de narcotraficantes entrara a negociar con un gobierno que creía que de esta manera podría mantener en silencio a quienes les conocían sus andanzas desde los años 90, como lo manifestó alias don Berna esta semana.
Sostienen Restrepo y el primo de Pablo que todo lo que dicen los paramilitares es una venganza criminal. Y algo de ello puede haber, pues el gobierno pasado traicionó a sus aliados cuando ellos empezaron a contar sus estrechas relaciones con altos funcionarios. Queda claro que estamos presenciando una rencilla mafiosa como las que vimos entre el cartel de Medellín y el de Cali en el pasado. Con la clarísima diferencia de que el primero se empotró en el estado durante ocho años.
Quienes en su momento denunciamos las conductas de algunos funcionarios del gobierno pasado y a quienes nos estigmatizaron, persiguieron y calumniaron, nos quedamos cortos. Lo digo con cierta tristeza, pues en el fondo siempre quise creer que el país no estaba en manos de una banda criminal.
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