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Un país a su suerte

12 de enero de 2014 - 03:47 a. m.

Todas las mañanas cuando reviso las noticias para ir a trabajar a Blu Radio, medianamente informado, quedo literalmente enfermo. Son tantas y tan malas las noticias que no existe la menor posibilidad de que no quede asqueado con todo lo que sucede en un país que Dios dejó a su suerte.

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Es tal la dosis de violencia que uno acaba con las manos ensangrentadas, o peor aun, untadas de mierda cuando se trata de leerse las secciones políticas de los diarios. Entre la violencia cotidiana, los robos, las violaciones, las mujeres quemadas con ácido, los asesinados por robarles el celular, el taxista acuchillado o el menor violado y las declaraciones antipáticas de los políticos y su afán por ganarse los votos de los ciudadanos, no hay manera de no salir de la casa con ese sabor amargo en la boca.

Lo grave de todo esto es que nos hemos acostumbrado a toda clase de violencia y ya son pocos los casos que nos impresionan. Y si lo hacen, esos hechos por escandalosos que sean tan solo permanecen en los medios por un día, máximo dos.

No quiero parecer pesimista pero me temo que este año va a ser noticiosamente asqueroso. Entre otras cosas porque es un año electoral en donde los candidatos se van a decir toda clase de barbaridades, tramitando sus odios personales pasando por encima de las necesidades reales de los ciudadanos. Pero qué bobada estoy diciendo. Los políticos nunca han pensado en atender el clamor de los gobernados, entre otras cosas porque a ellos solo acuden para conseguir sus votos y después no los vuelven a determinar.

Podrán ustedes pensar que un periodista que vive de informar está loco hablando en contra de lo que le da de comer: las malas noticias. Les confieso que todas las mañanas me hago la misma pregunta. Y tal vez por eso he optado por distanciarme de las mismas tratando de tenerlas lo más lejos posible para que las mismas no afecten mi buen juicio. Por eso es que en mi oficio como comentarista de radio no reconozco enemigos ni tramito odios, que ya nos los tengo.

No se cómo y a qué horas se informan ustedes, yo lo hago entre las 3 y las 4 de la mañana a través de internet, en mi tableta. No veo noticieros, no escucho radio, y durante el día frecuento poco o nada la información que suben a la red los medios de comunicación. Y la verdad, les cuento, mi vida se ha vuelto mucho más sana desde que opté por esto. Hagan el experimento y verán cómo les cambia la vida. Entre otras cosas porque mientras tengamos que vivir en Colombia, al menos debemos tratar de que la violencia, las mentiras y las malas noticias no acaben con la poca calidad de vida con la que contamos los colombianos.

Notícula: Este país está tan enfermo que unos muchachos suben a la red una violación y en vez de podrirlos en la cárcel acaban protegidos por el ICBF. El mundo al revés en donde los delincuentes tienen todas las garantías y las víctimas absolutamente ninguna. Este país está loco y necesita más siquiatras y terapeutas.

 

 

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