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Un país bipolar

08 de marzo de 2014 - 10:45 a. m.

No soy de los quecree que los columnistas de opinión sean especialmente influyentes sobre sus pacientes lectores, para poderles decir por quién votar o por quién no hacerlo, entre otras cosas porque los electores suelen pensar su voto por mucho tiempo de acuerdo con sus creencias o ideologías políticas.

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Por eso, aun cuando en el pasado pensaba lo contrario, este domingo de elecciones no me voy a referir a ese tema, que algunos de mis colegas han machacado desde mediados de esta semana.

Quiero mejor referirme a un tema que me azota constantemente y sobre el cual no encuentro ninguna explicación racional. Se trata de la bipolaridad que sufre este país, enfermedad mental esta que fundamentalmente consiste en que quien la padece tiene conductas que van de la alegría a la depresión profunda en segundos. De la risa al llanto, de la aceptación a la negación. Por supuesto esta no es la definición científica, pero es la mejor que encuentro para limitar a Colombia.

Popularmente se cree que el bipolar es el que tiene doble personalidad, y me atengo más a esa creencia. Y los ejemplos cunden, pues, para mencionar casos, mientras Colombia está jugando fútbol (y el presidente aparece vistiendo la camiseta de la selección), en Buenaventura están asesinando personas para luego picarlas. Y, por supuesto, esa noticia pasa inadvertida casi totalmente hasta que los medios se dan cuenta de esa atrocidad. Es tal el grado de bipolaridad en esa ciudad, que los habitantes se burlan de su propia tragedia y se inventaron un juego llamado arme al negrito. Es decir, que vuelven chiste su propia y dramática tragedia.

Pero otro tanto pasa en Bogotá cuando vemos al alcalde Petro tratando de apagar una protesta violenta en contra de Transmilenio subido en el techo de su carro, diciendo que va a convocar a unas mesas de trabajo y a una protesta en contra de los operadores privados de TM, cuando él mismo renovó esos contratos en mayo del año pasado. Otra conducta bipolar que tanto lo caracteriza y que tanto daño le ha hecho a la ciudad.

Si quieren más ejemplos de conductas bipolares no es sino que miren al expresidente Uribe que hoy arremete en contra del proceso de paz del gobierno Santos, pero en una oportunidad soltó al asesino Guillermo Granda sin justificación alguna. O habla de las mentiras del Gobierno cuando en el suyo era difícil agarrarlo en una verdad. Bipolar también es la conducta de un magistrado de Cúcuta que imparte justicia, pero persigue con un puñal a una joven por haberle quitado su parqueadero por algunos minutos. Ni qué decir del fiscal seccional de Santa Marta, quien, en el decir de su hijastra, la agarró literalmente a coñazos, aun cuando el togado ha dicho que eso no es cierto.

Los ejemplos pululan y, la verdad, todo eso lo pone a uno a pensar que este país se volvió loco y los colombianos también. Por supuesto me incluyo entre ellos, pues tal vez la única manera de soportar todo esto es, precisamente, estando locos de remate.

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