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De izquierda a derecha

05 de noviembre de 2015 - 09:33 p. m.

Ahora que me queda a la izquierda la vida, comprendo que el mundo fue hecho por los derechos y para los derechos, y que aquellos viejos profesores que nos pegaban con una regla en la mano a quienes queríamos escribir con la izquierda preservaban con sus prohibiciones los antiguos preceptos de la tradición.

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La derecha era el único camino a seguir, según ellos. La derecha era lo derecho, lo diestro. La izquierda era, fue y es lo siniestro. El demonio era siniestro, decían, mientras que los elegidos se sentaban a la diestra de dios padre. Judas se hizo a la izquierda de Jesús en la última cena, antes de entregarlo por unas monedas, mientras que Pedro era su mano derecha, aunque lo negara, y sobre él edificó su iglesia. Por eso no querían que escribiéramos con la izquierda.

Ahora que me queda a la izquierda la vida, comprendo que la palabra izquierda fue desde un principio una palabra estigmatizada, surgida de un pueblo estigmatizado, el vasco, y de una lengua proscrita, el euskera, mientras que derecha viene del latín, de los romanos, de lo que llamaron civilización y nos impusieron como civilización, con sus códigos y leyes. La izquierda era el camino torcido, nos decían con la regla de madera en la mano. La derecha, lo directo, lo obligado, lo moral y lo legal. El mal y el bien, el pecado y la salvación. Había que jurar con la derecha sobre una Biblia, bendecirnos con la derecha y agradecer, con la rodilla derecha hincada, las bendiciones y el perdón que con la derecha nos obsequiaban los sacerdotes, luego de que nos hubiéramos confesado ante ellos por una ventanilla ubicada siempre a nuestra izquierda.

Ahora que me queda a la izquierda la vida, comprendo que quienes proclamaron la propiedad como bien supremo y el obedecer sin protestar como obligación, fueron los que se denominaron la derecha, los derechos, y los que calificaron como izquierda, el camino equivocado, a cualquier forma de pensamiento o acción que atentara contra sus intereses. Ahora que me queda a la izquierda la vida, comprendo que aquellos viejos profesores eran el último eslabón de una cadena milenaria de prohibidores que coartaron la libertad, pues la libertad no les convenía: solía quedarles muy a la izquierda.

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas. fernando.araujo.velez@gmail.com
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