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El pulso del aislamiento

19 de diciembre de 2020 - 06:11 p. m.

A pulso, casi aislado, voy descubriendo que los manuales de instrucciones, muchos libros de texto y las órdenes y decisiones de aquellos a quienes les dimos el poder de dar órdenes y de decidir, no hacen más que potenciar este supracapitalismo que vivimos y que nos hace cada vez más robots, que es como decir, más productivos, más competentes, más divididos y más a merced de quienes escribieron los manuales y demás. A pulso voy comprendiendo que el manual es repetir fórmulas, viejas fórmulas hechas para que seamos máquinas, y así vamos, como máquinas muy bien lustradas, ilustradas con conocimientos empacados, convencidos de que lo que ha ocurrido y lo que algunos descubrieron son la vida y la sabiduría y el saber, y de que no hay nada por fuera.

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A pulso, es decir, a mi manera, y desde una cueva en lo alto de alguna montaña, voy comprendiendo que quienes nos miden ahora con ese montón de sofisticadas estrategias de medición, nos miden para multiplicar sus logros y ascender, convirtiéndonos en tuercas y tornillos, comprándonos con halagos, premios, promesas, leyes, decretos y aplausos, o castigándonos con la exhibición de nuestros números en rojo y subrayados, más allá de que digan que es por el bien del trabajo. Nos miden para que seamos robots y produzcamos, para que el negocio sea más lucrativo, y también, para que no tengamos tiempo de pensar en nada más que producir, y después, en nuestros días “libres” consumamos todo aquello que producimos, supuestos bienes que a la larga no son más que veneno.

A pulso intento salirme del tenebroso juego de la adicción al que nos han llevado las mediciones y los medidores, y a pulso, con plena conciencia, voy curándome de la adicción a los números más altos, a las calificaciones, a los pomposos y arrogantes adjetivos de bueno y malo, mejor y peor, y por supuesto, a la competencia. A pulso, muy despacio, voy volviendo a descubrir que hay una vida plena y real más allá de los linchamientos y los insultos, y mucho más allá de las mediciones y las redes, y bendigo el aburrimiento y el ocio, la contemplación, pues desde ahí logro crear, inventar, descubrir, buscar amigos imaginarios y jugar a la nada, si es el caso. A pulso he vuelto a oír el paso del tiempo, los latidos del vivir, de la vida, y a pulso, en mi caminar, voy peleando por recuperar la libertad.

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas. fernando.araujo.velez@gmail.com
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